jeudi 22 mai 2008

Cena en el Dali (Hotel Meurice) (espagnol)

Alguien importante debía de haber, porque esta noche, aparte de las diversas jerarquías de grooms y stewards encargados de los taxis y de la recepción, montaban guardia en la puerta del Hotel Meurice tres policías armados de pies a cabeza; no es que patrullaran la elegante Rue de Rivoli, estaban a la puerta del hotel. Yo debería opinar de lo que me incumbe. No del diseño, donde el elemento daliniano lo da el motivo de las muletas en las lámparas, o de la clientela, sino a lo sumo de mi sensación de excesivo calor a pesar del amplio espacio del Dalí, y esencialmente debería tener unas palabras para la pintura que decoraba el techo.

No, no sé de quién era. Sé que es una mujer joven quien la ha hecho, hija de un diseñador célebre. Y eso me sirve para traer a colación cierta manera de pintar que me interesa y que encuentro en otras mujeres como Brigitte Szenczi o Eleodora Nesúa. También podría hacer pensar en Garouste o en Juan Antonio Mañas, pero en ellos, hombres, los sentimientos se enturbian y el conjunto del cuadro es siempre anguloso, con un no sé qué de fracaso. Me preguntaron si me gustaba el vino afrutado para acompañar o si lo prefería rico en taninos. Dije lo segundo pero cuando me dieron a probar opté por tomarlo afrutado. Un señor tocaba el piano y el perro de otro señor tuvo algún mal recuerdo, porque intervino sonadamente en algún momento. Todo era espejos y dorados. Comprendo que Dalí necesitaba sitios así, yo, llegado el momento, también lo tendría como cuartel de invierno.

La presencia de Gala también era importante, y ella además preparaba, en Figueras, o en Port Lligat, una langosta al chocolate que Ignacio Gómez de Liaño me contó que llegó a probar, cuando Dalí se interesó por los estudios de éste acerca de Giordano Bruno y Giullio Camillo y el Teatro de la Memoria. Pero no la encontré en el menú del Dalí. Al menos no de la forma en que me imaginaba.

Tomé unos rabiolis de langosta con una salsa especial que no quise apuntar en mi cuaderno, así como un cordero al pimentón, titulado Primavera, porque los títulos formaban parte del contexto surrealista suave del Dalí, que me sugería resonancias españolas. Realmente al punto al que he llegado de adicción al café con leche, fue solamente al final, tomándome mi café y luego fumando con las jerarquías exteriores sobre el mosaico del soportal como alcancé la actual saciedad.

3 commentaires:

Alfaraz a dit…

De todos los modos de estropear una langosta, probablemente la más daliniana sea mezclarla con chocolate.

Ignacio G de L. sabe muchas cosas de Dalí. Y seguro que no las ha contado todas.

.

Manuel Montero a dit…

Parece ser que es una vieja receta catalana, de la que no son directos responsables ni Dalí ni Gala. Yo creo que también es un poco decepcionante, como me pasó anoche, tomarla como relleno de unos (pocos) rabiolis.

Morgenrot a dit…

No sé cómo he llegado a ese blog, pero ahora que veo a Alfaraz como comentarista, puede que sea por él, pues su blog leo y comento.

La cuestión es que me he visto cenando en el Dalí y recreándome no sólo en el entorno, sino que hasta me ha sabido a langosta con chocolate, a rabiolis, a cordero al pimentón y he finalizado con un cigarro y un café.

Me has llevado allí y ha sido como muy real.

Saludos