jeudi 23 octobre 2014

Mangeur de feu (1)

Si des livres il y en a eu dans ma carrière, des manuscrits à la main, puis des fichiers de texte il y en a une grande quantité, mais souvent j’écris quand je commente ou chatte, malheureusement c’est tout un procès de dilution.

Il est peut-être question d’un nouvel état préalable à quelque chose d’autre, une préhistoire d’une Histoire. Et puis je suis déjà poussière, poudre universelle, salamandre. Allume chacun son esprit d’escarboucle.

Si ça commence à être recourant d’employer le fantastique (métaphysique comme pour l’alchimiste), cela serait exclusivement pour l’exercice de l’érudition.

Si j’ai commencé ainsi l’écriture d’un essai, vaut mieux le considérer poème.

*

mercredi 24 septembre 2014

perdona la idea

a veces me parece que estoy en una historia, con la pintura, como lo que ocurría con la pintura tardía de Picabia (sobre todo) y con la pintura tardía de Picasso (como el ejemplo mas claro). Eran pinturas que permanecieron secretas hasta que se apago el mito de cada uno. Pongamos dos décadas después de morir cada uno. O sea una apuesta muy arriesgada. En el caso de Van Dongen o De Chirico, es similar pero mas respirable. A mi me ocurre con el collage, y estoy ahí a ver... La idea te la comentaba porque me he encontrado haciendo un collage que se mira por los dos lados, eso pasaba con los últimos cuadros de Picabia (la idea la retomo Barcelo en sus acuarelas de Mali)

perdone la gestion cyborg consistente en pegar en su correo un comentario que le hacia a mi hijo pero me parece que cyborg mas cyborg menos es comunicacion


Un tipo de filosofía mística o de metafísica como se vuelve a decir últimamente, que seria fantástica como la del siglo en que estamos, empezando el tercer milenio
Es, aun en el principio del protestantismo, y con el catolicismo por su lado desgarrado entre místicos o quietistas contra inquisidores y sus redes de delación, la teosofía de Jacob Boëhme que tu madre conoce un poco
El componente fantástico esta representado por una psicodelia "avant la lettre"


*

dimanche 21 septembre 2014

Mecano - Perdido en mi habitacion (directo)

NOVELA OPTICA LETRISTA (if you prefer to see other posts click on the labels)

Los siete
o
el Destape


Manuel Montero




NOVELA OPTICA LETRISTA



Notas para un pamfleto
sobre mí mismo







Españolada parcial,
Destape completo.
*
La (s) secta (s) del Destape.
*
Españolada semiseca.




Dientes apretados en la llovizna, pasos felinos de semidrogada. Filósofos de esquina. Palabras de Borges en letras de oro. Qué absurdo es el lenguaje de los pájaros. Jane es pálida y fibrosa. Manuel escribe mal desde que la conoce. Espejos convexos. Otros escriben por negocio, él lo hace para alimentar su corazón. Hacer sangre. Los duendes del Japón medieval se alimentaban de excrementos y semillas viriles. El lugar es amplísimo y alicatado. Su extensión equivale a la de varias grandes superficies puestas una al lado de otra, de forma que uno tiene la sensación de que han puesto espejos multiplicatorios de probador. Y sin embargo allí la luz es un simulacro aberrante de intimidad. Los hombres y mujeres desnudos que pasean a la luz de las tulipas, en estos infinitos lavabos desprovistos de lógica, han entrado pensando que iban a figurar en una película. Se les avisó que sólo era porno blando. Estaban dispuestos a desnudarse un poco. Ahora pasean a la espera de algo, sin instrucciones, alimentándose del guacamole de las fontanas marmóreas, observando con apatía y sin hablar la desnudez del sexo opuesto.

Su finalidad no es escribir, sino acondicionar una vida, acondicionar pintura, el museo para vivir, llegar a ese extremo de artisticidad que es alojarse en un museo. Eso se puede hacer con la mágica mentira de la literatura, pero la literatura es sólo un estadio de la mentira mágica. Te propongo una exposición. Te propongo trabajar a cuatro manos en una novela escrita con el tarot. Hablar de las cosas que sabes. ¿Sabes lo que es una escaleta? Hagamos una sinopsis. Tengo una estructura de lugares, los capítulos como una topología. Y luego remitirnos a tu época. Los setenta y los ochenta. Los lugares los vamos a ver aquí en lista:

El prostíbulo.

La comuna.

La playa.

El manicomio.

El bar.

La universidad.

El museo.

Son siete lugares. Dos series de tres. Años setenta y años ochenta. Separados por un lugar intemporal, inagotable, imposible de extinguir pese a las buenas intenciones. El neófito quizá considere que solamente la comuna es el lugar indiscutible de los setenta y el bar el lugar típico de los ochenta. Emparejemos el pegaso del tiempo con la quimera de la memoria. Una universidad donde se enseña a hacer macramé. Un prostíbulo donde se dicta el último pensamiento. Un museo donde se puede amanecer.

Mito del lunes.




LUPANAR
BURDEL
Comienza el
PROSTIBULO
Mito
del lunes





ESPAÑOLADA

O
EL DESTAPE

por

MANUEL MONTERO













As de espadas

Las crisis de angustia aparecen en sus cómics expresadas por un tipo de dibujo siniestro. La revista es ilegal, no se paga colores. También quiere ser pintor. No sabe por qué se acuesta con Ester. No le interesa recargar más lo extraño de sus cómics con la figura de Ester. Es antipática, prefiere masturbarlo o incluso que él se masturbe. El nunca sabe calcular los metros y los kilómetros de la distancia, tampoco la altura o el peso. ¿Pesará Ester cien kilos? ¿O doscientos? La pintura de un Rubens superada por la enfermedad. Ester sigue leyendo los anuncios con tratamiento para la celulitis. Algunos buscan hacer el retrato de lo deforme. Lo tienen dentro. El ama la forma, prefiere retratar el aspecto siniestro de lo aparente, su faceta angustiosa y angustiosamente bella.

Manolo: Este coche de policía sigue el mismo camino que yo. ¿Se parará en el burdel? Mejor me doy media vuelta.
Vieja: Pasa para dentro, chico.

    Manolo está muy solo. El sueño de la clase media está roto para él. Todavía no es desgraciado, puede pintar y puede enamorarse.

Vieja: ¡Qué puntual es nuestro chico! Lunes a primera hora de la mañana y aquí está. ¿Qué traes?
Manolo: He estado pintando. Los cuadros grandes me gustaría que los viese Lucía, porque sale ella.
Vieja: No puede ser. Ella está de viaje, ¿por qué no pasas con Ester?
Manolo: Ester también sale. En los pequeños. Aquí traigo unos cuantos.

A veces el prostíbulo tiene algo de iglesia, o algo de sacristía, por la solemnidad de las más viejas. Oyen misa por la radio. Pero Ester peca con la cocaína. Y Amalia, cuando no está la señora, se enrolla cigarrillos de hierba. Así está de relajada, y de cachonda. Hasta aquí han llegado los rumores de la muerte de Dios, o de nuevos dioses como ese Abraxas al que rinde culto el grupo de Roy Hart.  Marisa.  Las cauciones difíciles de entender de Marisa le han hecho imaginar que aquí podía encontrarla. Como en los chistes. De manera que cuando encuentra a Marisa que baja la angosta escalera se acuerda del tedio que le indujeron siempre los chistes entre hombres. Es desagradable que las cosas se vuelvan lógicas. Pero un cierto alivio le hace respirar hondo. El definitivo vínculo con el placer se ha establecido.

Marisa: No puedo estar más de una semana sola en que no remuevas cielo y tierra por pillarme.
Manolo:  Mira, ya estoy más tranquilo, porque así conozco la razón de tus cauciones.
Ester: A este chico yo le estaba proponiendo un trío, a precio económico. Tú que eres pintor, y que nos has pintado a nosotras, ¿no querrías pintar a dos mujeres haciendo el amor? Tú te sientas en el taburete de los cambios, y dibujas. Apague usted la música, que el chaval está poniendo cara  de romanticismo. Un artista como tú no puede estar tan inhibido. Yo me acuerdo del día que estuviste conmigo, cumpliste muy bien.

    El trío se organiza de una forma distinta. El sofocante calor no tiene remedio. Manolo comprueba que las sábanas están cambiadas esta vez. Ester supera con creces cualquier imagen de la obesidad, su vulva también resulta grande, semiafeitada. Jane no se desnuda. Con la boina puesta y el escote un poco abierto se sienta en el taburete, Manolo quiere que mire. No paran de hablar los tres. Aunque va  mal vestido, con el pelo un poco crecido, y deshecho, sus  bolsillos están rellenos de dinero en billetes. No le importa desnudarse antes que Ester,  porque ya lo ha  visto Jane desnudo.

Jane:    Yo de más joven, en Francia, tuve de marido a un chico español que quería opositar para Guardia Civil.
Manolo: Sigues siendo joven, con tus cuarenta y tantos.
Jane: Pero entonces yo era todavía más joven. Estaba a su lado por masoquismo, y decidí hacer algo que me liberase. Le corté su falo y me lo llevé en el bolso. Me parece que lo tiré a la basura, después de un tiempo, porque estaba lleno de chinches y termes y ya no servía para nada. Después de aquello todo fueron artistas, pero a todos habría debido hacerles lo mismo.
Ester:  Pero admite que esta polla está muy bien.
Jane: Por eso no se lo corté. Cuando se cortan se estropean. Es mejor chupar la sangre, como los vampiros. Que los penes sigan duros, y apuntando al aire. Pero es necesario hacerse fuerte con el soplo vital arrebatado a los que denunciamos con nuestra ausencia.

Todo se hace con las manos, con sentido del ritmo. La mirada de Jane en el taburete contemplándolo todo parece facilitar el orgasmo, pero aún no es suficiente. Ester trata de hacer comprender a Manolo que con el cuerpo como lo tiene se reduce mucho la combinatoria. Manolo se dispone a penetrar a Ester. De rodillas en la cama frente al sexo de Ester siente que le acarician la espalda. En este lugar de las pantomimas y los fantaseos se pregunta si encontrará la Jane que no pudo gozar. Jane aventura una rodilla en el colchón.


Jane: Mira esta frase de Nietzsche: La fórmula de mi felicidad: un sí, un no, una línea recta, una meta... Mira si no seremos nietzscheanas las mujeres como yo. Y más tarde que la filosofía acude al olor de la carroña.
Manolo: A ver si me puedes dar un beso en la boca, que me quité el olor a celtas con licor del polo. Soy solidario. Tú eres nietzscheana y Marisa es kafkiana. Nietzsche murió enloquecido por la sífilis, a las miasmas de su agonía debieron acudir en plan fantasma Platón y Sócrates. Espíritus irónicos, modernos y con mala conciencia. Para él había sido un proyecto de vida alejarse de ellos. Quizá por no mancharse los filósofos no llegaron demasiado cerca del lecho. Quizás el cuerpo que retorna eternamente es incorruptible y por eso yo follo como si tuviera reservada la eternidad.
Las dos: Ya se ve.

     A Jane la llaman desde el recibidor. De un brinco el pintor se pone a rebuscar en el pantalón y saca varios billetes.

La tentación de la simetría. Mi tía me propone trentañeras como yo. Llama mi atención sobre mi amiga francesa. Me sugiere que la invite a pasar unos días cuando tenga la casa de mi nuevo destino. Tú invítala. Quizá cuenta que le he dicho que es como ella, que a ella con treinta la recuerdo así. Contraindicaciones del psicoanálisis. Produce incontinencia urinaria, libertinaje, peligrosa alternancia entre lo profundo y lo superficial. La danesa me da dolor de cabeza, con su super-skunk, los sexos no coinciden. Habla demasiado sencillo. Prefiero la italiana o la francesa, que me miran.

De ti me interesa la ficción alucinada en tu obra lírica. Poesía y locura. Mundo femenino del cuerpo y la muerte. Allí hacen falta mil artificios para decir. Ningún recurso que no sea el dictado del lenguaje.

En el prostíbulo Manolo pretende pagar con lectura de tarot. Jane se presta. Ester exclama a media voz mostrando alarma: pero... eso es pecado. -¿No pagar?

La imagen de Jane es borrosa en el espejo. Los perfiles dejan su reflejo en su oscuridad. Una lamparilla disimula las manchas en la cama e ilumina los arcanos. He aquí al ahorcado de abigarrados colores. Su mirada. Las tetas de Jane.

Emborráchame de tus palabras. Ahora. Intelectuales. Pensamiento. Autismo...

Tú, Jane, sobre la cama del prostíbulo esparces oscuras fotografías de tu familia. Las has tomado con tu máquina alemana. Las has revelado en el cuarto oscuro. Has sido periodista, y también te gusta lo que las sombras oscuras hacen con la luz. La aventura es vital, la familia es como una condena a muerte. La atmósfera es pesada, en tus fotos. Hay más cajas de zapatos con fotos. Los personajes que tenemos. Una belleza. Otra belleza. Una tercera belleza y una cuarta belleza. Un árabe millonario de petrodólar. Un albañil que sabe tocar la quena. Un policía gris y un picoleto. Un intelectual. Tu madre en boatiné armada con un paraguas. Un burrito típico, un mono de Gibraltar y una cabra. Un cura. Una monja que se maquilla. Todos desembocan en el laberíntico prostíbulo. Hemos dicho que es luminoso. Paredes de cal viva. Cactus ciclópeos aquí y allá. Ristras de pimientos secos y de ajos. En los espejos austeros el vaho de algún vampiro.

La madre: Abriré yo este teatro advirtiendo que la patria nos mira, aunque con vuestras novedades parezca que se ha apagado su fuerza. La patria es como el diablo, que Dios me permita la comparación para daros miedo. Tenéis que respetar la moral católica. La patria con sus cuernos se esconde en vuestra psique para llevaros a la muerte. Yo soy así, ahora me quejo con impertinencia y estoy desconcertada, pero volveré a ser terrible, inmensamente sanguinaria. Me refocilaré en la sangre de tanto afrancesado.

Una belleza: He venido a España siguiendo la pista de José Cadalso.



MANUEL
MONTERO

El día de Marte,
 con su noche.

Le chariot

En su celda, la monja se despierta. Abre la ventana, todavía está bastante oscuro. Hace fresco. Sus senos desnudos están erizados y más blancos. Se maquilla como las polacas de arte y ensayo. Sobre una bandeja conmemorativa. Con rimel. La luz es una falsa vela con bombilla picuda. Pronto la habrá apagado, porque fuera amanece. Un demonio de Fra Angelico asoma de detrás de las cortinas marrones.

La monja de vanguardia.

Pienso que Paca pinta coños con modelos contratadas o haciendo posar a sus amigas porque necesita compararlos con el suyo. Por eso por medio de su estética de lo flou los afea sistemáticamente y los desvincula de sus inteligencias, de su gesto, de su rostro humano. Para que el suyo sea “de lujo”.

Demonio:
Sabes que gustas igual sin maquillaje. No tienes que adulterar tu belleza natural. Tus ojos son grandes, tus cejas felinas aunque tenues, tienes los labios carnosos. Prefiero con jabón lavada tu cara para mis calenturas y mis obsesiones.

Dios:
 los momentos en que te maquillas son las muestras de amor del alma por el cuerpo al que ha venido a traer la vida. Hay un gran arte en la manera y el detenimiento de maquillarse. Son momentos de silencio y autoanálisis. El alma le da a la belleza corporal una forma artística. Es conmovedora la muchacha de ojos serios o anodinos y labios rígidos o imperceptibles que por momentos así y por el ejercicio del arte en pintarse el rostro añade afectuosamente a su insustancial materia humana la sensualidad que no supo desarrollar la Naturaleza. Se siente en un café, se deja mirar con los méritos de su pulso y su conocimiento de los espejos. Maquíllate para Dios, esposa de lo eterno. Para el Padre que siempre quiso romper las leyes por celo de sus criaturas.

Aunque vengan las señoras del opus dei con escobillas de váter a nos las meter por la garganta, con esa pulsión que les hace preferir la mierda a la musical verdad. Les hace preferir su verdad hecha de mierda a la palabra de los jóvenes, que son los frágiles profetas del siglo veinte.

Una calle estrecha tiene enfrentados los dos burdeles. Manolo entra a saludar a cada uno de los dos recibidores. Por dentro son naves de iglesia. Las imágenes cristianas en las urnas y el sagrario han sido reocupadas con estatuas de mujeres desnudas, muy Cánova pero polícromas como las tallas barrocas. Algunas han sido adornadas con lencería íntima. Hay cojines en forma de corazón. Las bellezas se pasean en bañador y sólo la vieja siente frío, confrontada con un radiador y comiendo castañas. Una joven promesa de la crítica de arte entra alborozado mostrando una espléndida botella de tequila. Ya está aquí la alegría de quien olvida fácilmente sus penurias. Hay un crucifijo en la pecera, y la monja echa de comer a los peces.


CHE
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Manitou
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Rosa era la rosa. El rojo y el blanco se mezclaban. Jane era La Rosa, no sé si por un deje catalán o como se dice La Sontag. También puedo ver a Jane como Libertad guiando al Pueblo. Eso la vuelve Jane. La libertad tiene los senos heridos en los acontecimientos. Toda amazona es una secreta admiradora de su padre militar. Cuando me pongo a mirar el tarot o un catálogo del Louvre pasa esto. Los conozco. Y me hablan en confianza. Jane, querría preguntar más. Se nos ha olvidado la cárcel. La Toma de la Bastilla. Las amnistías. ¿Por qué duran tanto las prisiones? ¿Cómo son por dentro? Noche tras noche. ¿Por qué esos extraños suicidios? ¿Cómo se da tanto consenso para ignorar la tortura? ¿O es que la amazona sólo quiere investirse de la fuerza del varón para contestar un padre injusto, un padre que ha matado al varón, que ha hecho imposible al varón, un padre que es madre como lo son los verdugos y los torturadores?
FRANCO  ERA UNA MAMÁ SOSA
LORCA ES LA FIGURA DEL PADRE PARA LOS GRANADINOS, EL PADRE ASESINADO.
FRANCO ERA UNA MAMÁ VENENOSA QUE CELEBRABA CEREMONIOSAMENTE EL ABORTO Y LA CASTRACIÓN, UNA MADRE ANAL.

LA FIGURA DEL PADRE ES LORCA
Sin duda el falo de cualquier mariquita andaluz es más potente que el falo de cualquier dictador, de cualquier policía, de cualquier incidental padre militar.

EL OBJETO SON LOS ARGENTINOS
No paramos de hablar de los argentinos. De su ego. De su palabra. Es una habilidad útil en sociedad saber imitar su manera de hablar. La clase media se identifica por contraste con ellos. Existen. Hay que tener preparada una respuesta. Ser más listo, no dejarse engañar gracias a nuestro doble fondo para engañar siempre antes.

LA FIGURA DEL PADRE ES LORCA
No se le perdona fácilmente. Es más fácil perdonar a Franco que era neutral, como los suizos.

secretos en  la advocación
 de Ares

El prostíbulo es luminoso, cal viva sobre mortero antiguo, geranios, un drago en el patio, de ramas centenarias.
    El crepúsculo llena de murciélagos el cielo, y de color de jaspe, veteado por los remordimientos del sol que presiente tanta animación y que conoce los horarios de Marte. El dios de la violencia enciende en el tétrico azul su linterna distante.
    Es el momento de hacer las cosas en silencio, entrar, subir al cuarto, pagar. Los abrazos se hacen con el saco puesto. La marihuana inspira un lenguaje respiratorio y bombeante. La belleza no pretende ser entendida en su media voz.



El estadio del espejo.


Le bateleur

Los lagartos polícromos se entrecruzan sobre la moqueta de gastada blancura. Una cabra nos introduce en el blanco prostíbulo. Los lagartos entran en las grietas inferiores del edificio veraniego. Seguimos a esta cabra que nos habla con acento internacional. Una habitación.

LA PASIÓN SEGÚN SAN MATEO

Manolo engrasa con caballuna diversos objetos sexuales que están sembrados en la alta mesa. Hay detectores de orgasmo que se introducen por el culo. Hay alargadores del falo que son muy eficaces, dotados de una succión que no duele. Hay emisores de gases afrodisíacos. Hay vibromasores. Hay calzoncillos de cuero. Hay liliputienses que practican el coito sobre los burós. Hay estampitas milagrosas de animales que quitan el stress.

Cosméticos de la voz,
Como la clara de huevo
O el baretico.

Manolo vierte claras sobre la silla magnética que gime y jadea. Las pelucas móviles, los espejos de pornografía para las señoras galantes. Los inútiles calentadores de senos. Las lenguas teatrales que producen sonrisa y que vienen presentadas en forma de tubo. Hay pomadas que curan todos los males venéreos con sólo un poco. Hay paredes que besan y discos de vinilo que hacen comentarios. Hay dientes de ajo que se absorben por la piel y mantienen las erecciones y parecen droga. Todos están en la mesa o sobre pilas de novelas francesas y de informes en inglés y manuales en sueco a los lados.

Proclus, Commentaires sur le premier livre des Eléments d’Euclide, trad. Ver Eecke, Desdée de Brouwer.
Albert Lautman, Essai sur les notions de structure et d’existence en mathématiques, Hermann, 1938.
Nouvelles recherches sur la structure dialectique des mathematiques, Hermann, 1939.
Le problème du temps, Hermann, 1946.

“Podemos concebir entonces de un nuevo modo las relaciones de las matemáticas y el hombre: no se trata de cuantificar ni de medir las propiedades humanas, sino de problematizar los acontecimientos humanos por una parte, y por otra, de desarrollar como acontecimientos humanos las condiciones de un problema.”

    Ciertamente a veces para ejercer la magia las bellezas de aquí adquieren aires de perversidad, de satanismo. Se maquillan con extraños signos de interrogación, impostan la voz, parecen histriónicas en sus movimientos mientras hacen pases con sus espejos de mano.
    El mundo ya no es un jardín por el que se pueda pasear. La policía acecha. No existen las formas y cuando nuestra mente explota y echamos a volar descubrimos estructuras gigantescas reposando en el infinito, como si la osamenta del cosmos estuviese ya dispersa por el saqueo de inimaginables perros supralunares. La angustia es máxima. El viaje tiene santuarios, pero los visitamos en la noche y con la incertidumbre de encontrarlos desiertos o habitados por demonios hostiles. Las estrellas no se acuerdan de su origen, o cuentan historias sin verosimilitud. Las constelaciones son pequeñas provincias con impíos cinturones de castidad. Sólo los planetas parecen sugerir un tímido ritmo.

Primera belleza: De los utensilios de la mesa escojo el espejo de mano. Me da alegría mirarme, y lánguida mi mano lo ofrece.

Segunda belleza: Mírate, neófito, y descubre en el mercurio las miradas decadentes del zodiaco.

Tercera belleza: Ahora dirige tus ojos entre mis piernas que se separan. ¿Qué ves? No cabe duda de que la Diosa ha dado su imagen a la mujer para que pueda procrear lo humano. Y en mi vulva de extranjera adviertes el sentido de Sofía que da a luz el Logos. Te parezco muy extrema. Los diálogos domésticos de los astrólogos se dejan oír en la habitación de al lado, semejantes a la voz de las masas. Acércate a mí para que yo te diga al oído el sentido de mis lapsus.

Mono de Gibraltar: Toma café, no te duermas. Debes escribir después de yacer con ellas.

Primera belleza: En el simio el dios se expresa. Parecen gestos humanos sus manos que señalan sin querer. Has creído entenderlo porque parece que habla, la poesía hace cosas semejantes a palabras. Las ocurrencias que tenemos durante la ceremonia están siendo grabadas en una cinta de sonido en este aparato. No oirás al mono hablar después, sino ruido. ¿Acaso te ha dicho que vamos a hacer el amor? ¡Cómo! ¡Tu cuerpo que se desnuda es de utopía! ¡Has comprendido pronto la finalidad de nuestra liturgia!

Júpiter “tonante”

Cavalier d’epee

Le quotidien existe dans l’avenir
On pourrait devenir alchimiste en l’oeuvre du café.

Doble identidad de Jane.
Operaciones bancarias.

A la vez que Freud hacía el psicoanálisis
de Dora, los surrealistas hacían el psicoanálisis
de la Historia de Occidente.


Pidiendo perdón, el cura entra en el burdel. Los pechos de las bellezas no tienen nada que los cubra. Todo está envuelto en una música muy árabe. El gris y la madre escriben sus azules esperpentos gráficos sobre la piel de Jane, que es la más desnuda y la más activa de las mujeres. Aprecio las obras de arte, como los atletas de los griegos o el Guernica de Picasso, pero nunca he conocido algo parecido al cristianismo.

Hay muchas hierbas en el suelo. Hay bombillas encendidas y una especie de niebla o de humareda. Verde, blanco, negro y amarillo. Son los colores de este ambiente intelectual. Las mujeres de mundo y los espejos. Los árabes estudiando pintura tachista. La pintura es una mónada extensa y engendra dos. Jane tiene una arruguita en el entrecejo, de pensar. Se concentra, lee, mantiene sus criterios. Está dispuesta a posar. La pintura necesita estufas. O hacer fotos muy rápido y luego trabajar con eso. La fotografía no tiene que ser mediocre. Lo mediocre es la miseria de la imaginación. Cuando no me paro, sino que estoy manteniendo la mirada de Jane, sigo en el mismo diálogo. Fotos con el jersey que dan tonalidades de grises como en la niebla o fotos sólo con medias color carne y liguero morado que ponen de relieve la mediatinta de su piel de este verano. También copio de lo ya pintado. Jane me hace descubrir mi estilo. Es tan decidida como los que dan discursos y me magnetiza. Los ratos enteros. El cura pasa con ella. La oigo como canta y adivino que está mostrando su sexo. Con el liguero puesto. Con el pelo revuelto. Sabiamente despeinado mientras sube y baja el tono de su improvisación. El cura habla con una voz desprovista de afecto.

Cura: El propio San Agustín dicen que fue disoluto y que se acostaba con una negra.

    Entra el picoleto en el pasillo, bajando, y escucha el borboteo.

Picoleto: Todos pueden arrepentirse. Pero luego no hay que hacer nada, porque si no...

    Manuel en su taller desenrolla unos grandes papelones de embalar y pinta con titanlux negro el vientre de una mujer en cuclillas sobre un hombre verde. Añade veladuras de agua turbia y el papel se ondula. Azafrán y semen. Saliva y ceniza. Canela en polvo fumada con menta. Hace el efecto del cánfor, actuando sobre las terminaciones nerviosas. Crispación. La pobreza del papel es como un nácar hecho de barro duro. Las arrugas sugieren quiromancias.

    Porros libaneses vaciando y rellenando. Saturno inventó las camas, Júpiter las almohadas. Los sofás no sé. Yo con mi alquimia trasformo el café en té pakistaní. Jane colabora con un tipo de azúcar que sólo se encuentra en el Sáhara. El otro té no da cuenta de la dependencia del café con leche. El pakistaní no se entiende sin azúcar. La verdadera alquimia no se entiende en bolsitas. Cajas de metal o botes de cristal. Canela en rama. Los porros libaneses no tienen droga, sólo infusiones.

En el sótano, a la luz de los neones, se pinta como en duermevela. Por los ventanucos se percibe poco a poco la claridad de la mañana que comienza ya. La música sigue en marcha, y absorbido por la tela no escucho los primeros pasos que pisan la acera. De la escalera entra Jane en ropa interior clara y bordada, con la cabeza despeinada y un medio lado más rojo. Me dice que ha venido a echarme. Debo terminar rápido y redactar un telegrama en clave a mi tía.

* MEDITACIÓN CON LUCES DE PINTURA BLANCA O DE TIZA * CEJAS PINTADAS CON CARBONCILLO SOBRE UN ROSTRO BLANCO * AIRE GRIS EN GRANDES BOFETADAS SOBRE LOS CUERPOS DE NÁPOLES Y GRANZA * AMANECER PATRIÓTICO CON DESNUDO LEGAÑOSO Y SATIRIASIS DE AUTORRETRATO EN VERDE CON GAFAS AÑOS CINCUENTA DE PASTA OCRE * VISOS DE LUZ EN LOS CRISTALES * GRUESO PURO PENE EYACULANDO VELA ARDIENDO NOVIA SIRVIENDO TE VERDE ESPUMOSO PEBETERO LANZANDO NUBES DE MIRRA ASPERA Y DULCE *


La imagen
que está hecha
de teléfonos

La página es sexo
Visible
Usted puede oler
Tocar
Y mirar
La página














VENUS


La force


Recién salido de la cárcel por opiniones incurables, divago en el interior de una maloliente catedral. Es temprano en la mañana. Montones de obreros están tomando achicoria en los cálices, y las señoras esperpénticas toman suizos con tintorro en los hostiarios.
Dentro de la catedral hay una escuela. Me introduzco y me siento en un banco. Un sacerdote explica el credo. Reconozco en el maestro a Ignacio Gómez de Liaño, y un poco alborozado le hago un gesto de saludo. Me fastidia el principio de realidad tenaz de los alumnos. Un conserje con un chubasquero se coloca al lado del maestro y glosa la lección con demostraciones matemáticas. Levanto la mano para decir que la Iglesia tiene más de una intervención nefasta en la Historia. Una señora me dice que soy un traumatizado por la Guerra del 36. Le digo que también quiero protestar por otras cosas, como la Inquisición. Estoy manoseando en mi mano una rosa que se deshoja.


Cuando me levante en la noche haré un dibujo preparatorio.
Sea Jane que se despereza en el lecho, semincorporada, por la mañana. Sea la ventana abierta con su pequeña campanita de latón macizo y el sol que sale de detrás de la fortaleza, con nubes retorciéndose por encima.

También quiero dibujarme desnudo, con una enorme erección. Puedo estar de pie, o puedo estar con un sombrero de mameluco y un Montecristo que humea, tendido en el lecho de Jane.

Puedo dibujar un escritor posmoderno que está masturbando al demonio, de interesante color vermejo y cuernos de gamuza.

SATURNALES EN LOS SETENTA

Temperance


El prostíbulo está lleno de desvanes. Para acondicionarlos a la fiesta, empezamos a sacar cajas y cajas de chécheres. Buscando qué conservar.

Cuadros al óleo

Enumeración de profetas judíos
En siete grupos trabajados a distinta
Distancia y con aspecto de figurines
De una Historia del Traje

¿Qué hacen?
Pueden estar en un rodeo
En una pelea de perros
Pueden estar aplaudiendo a un político
O en un cabaret

Algo heroico y angelical
Algo muy moderno y bohemio y un cierto cinismo

Una oposición de tonos
Un tornasol y un efecto de sombreado y de iluminación

Todo velado por huevo y barnices
Todo sobre una base que anuncia el futuro tornasol
Y después de haberse secado el grotesco dibujo
Ha sido iluminado y luego coloreado con inteligencia

La strip-teaseuse lleva toca apache
Un cráneo de res en el trasero
Acaricia a un político que sujeta la correa
De dos perros que se están despedazando

Los profetas judíos giran en motocicletas
Visten la ropa que yo quisiera llevar
-    Calcetines que combinan
-    Sombreros y gafas
-    Camisas en tornasol

La composición
Está dada por el solecismo de la pareja

El político representa a Moisés
La strip-teaseuse es la sabiduría
Se me ocurre

-    Conjurar la rigidez de los cuadros de programa
-    Abandonar el programa guiados por el deseo
-    Acumular sombras, luces, miradas, sexos y gestos.


Ecce Homo declinable
En pequeños cuadros donde lo vemos
Sonreír
O fumar

También confrontado a la budista vaginal
Que en una escena
De primavera en el Gólgota
Entre chumberas y palmeras
Ya no llora
Besa, sopla, susurra
Canta
Canta y toca la guitarra
Vestida con un bikini y con el pelo rubísimo
Sobre el paisaje pintado
El crucificado se cobija entre las palmeras
Y ella goza del sol
La lanzada está trazada con cuerda
Rellenada de ocre rubio y dorado
Retinta esfumando negro de un lado y blanco sobre el ocre central

Femme-nénuphar
 LA COMUNA

Espacio de discusión,
Me dirijo a ustedes, o a vosotros, si preferís, con ganas de cambiar. He estado siempre en el mismo plan, con lo que yo llamo “una primacía del ego”. Ahora hay algo que no funciona, y está empezando a gustarme. El otro lunes tomé yohimbina, no para follar con ella, sino que salí a por pan al mercado antiguo. Me quedé extasiado en la pescadería. Luego tuve la sensación de que la ciudad estaba toda sonriente. En el espacio del mercado me sentía como si hubiese entrado en una cama redonda. Y pensé en vosotros.





CONSTRUCCIÓN
DE LA
COMUNA



    En qué extremo del universo la avispa o el mono alfarero se pusieron a parodiar el vientre, cantando onomatopeyas, probablemente, mientras se entregaban a la primera edificación. Estaban en el encantamiento y el rencor de los mal-nacidos, insecto castrado por Natura la una, animal perverso el otro. La búsqueda de un mundo mejor, la edificación de la Jerusalem Celeste, ocupaban a Jane y Manuel con sus exaltaciones artísticas, sus cálculos sociales y su ebriedad apocalíptica.
    Acarreando materiales de construcción Manuel tenía en la conciencia los Manolitos como él, pintados mitad femeninos, mitad masculinos en el infierno de lo escrito, por las sátiras españolas de Quevedo, Diego Torres y Cadalso (en Los eruditos a la violeta). Gorrones hasta en la muerte, enterrados de prestado, existencias provisionales y precarias. Su edificación era chabola.

CHABOLA

    Lo era por todas las costuras. Si él quisiese hacerla sólido campamento veterotestamentario, Jerusalem, si él quisiese ver la luz y la trascendencia del bosque o de América salvaje en sus cuatro palos, en su suelo de tierra, en la locura de su nidificación, sus pulgas, su lecho de incesantes coitos, el vómito lejano de las fábricas, el paso rasante de los aviones de guerra, la incomprensión de la agricultura, entonces todo desaparecería, salvo los fantasmas.

    Comenzó a edificar, entonces, por la intelección de los fantasmas.
    El hedor del silencio, mientras un obrero orina sobre el violín, en el suelo, esperando salvarse así. Un vuelo en avioneta para reconocer los parajes. Un vuelo aún a ala batiente, o a nado en el cielo soñado. Palacios egipcios o burgueses en la ruina de unas enormes plantas secas. Todo fundamento es oracular, huellas o insignias del azar, que nos proyectan como cisnes en la inconmensurabilidad de nuestras distintas lagunas. Construir en el agua o el aire, construcción arraigada en el espectro.

    Y hay que referirse ineluctablemente al grupo. A la tribu o la manada, a la horda de guerreros y amazonas. Estamos ocupando una parcela del mundo, hemos desposeído quizás a los genios del lugar, a la llorona muerte que todo lo quería ocupar, a la seca verdad apenas vestida de serpiente, apenas viva en su sedienta desesperación. Hemos venido a abolir las seguridades, los límites del pacífico idiotismo, y rencoroso. Vamos a entregarnos a la descripción de la ascensión del Manolito.  Primeramente el abandono de la primera novia, asociada a lugares como la Universidad, que será ulteriormente tratada, como el Jardín Botánico. Ese jardín donde las esculturas tienen más movimiento que los propios novios antes, y después, de un tímido coito.
    Segundamente la novia alcohólica, asociada a primeros titubeos profesionales en los que Manolito convoca a toda la cúpula cultural para finalmente ausentarse. Había habido un malentendido con las horas. Instado por su novia abandonó su propia inauguración para discutir interminablemente, en un bar que nunca volverá, después de cruzar media ciudad buscando a un amigo de ella.
    Terceramente el momento presente en que Manolito escribe la presente (quinta novia, ya que me salto la tercera y la cuarta).
    Cuartamente, dando un salto anacrónico, Manolito es lo que pudo ser su padre, sin haber llegado a serlo, un poeta. Y aquí ocurre el lugar y la topología fundadora. Habida cuenta de que la habitación del poeta es el cosmos o cielo, todo cabe dentro. La vemos iluminada por un halógeno débil o por tulipas insuficientes en muros quemados. El cosmos que ha ya ardido en las pasiones de la pretérita cristiandad. Es un hotel particular, una nave decimonónica, acomodada con esporádicos vestigios de electricidad doméstica. El Manolito que no tiene dónde caerse al envejecer, el personaje odiado por los escritores, el barbilindo, es en el estadio futuro, pero durante los años setenta de su padre, en tanto poeta, el personaje más inactivo y apático de la comuna. Puesto que el lugar en nuestro programa es el de la comuna. Él redacta un manifiesto donde muchachos y muchachas se disfrazan y entorno se monta el desmadre. Se escucha música, se fuma de todo, se hacen todos los experimentos, y el ya escéptico Manolito recorta perfiles en cartulina y los pega con frases sobre papel de seda o sobre las espaldas de las muchachas de pelo rizado. Sólo le falta asumir la mancha de Sócrates y escandalizar desde una castidad cómplice de todo lo juvenil.
    En las antípodas del refreno y del doblez del profesor profesional, que es capón. Manolito es simplemente inocente, y el desenfreno lo salpica sin que él haga diferencia entre follar o escribir, entre permitir y ser visto como corruptor de las costumbres. Esa era la consumación esperada por la cúpula sin cópula, por los andrócratas y las ginecócratas. 



Nacimiento de Dioniso

    La dieta consiste en tomates, queso y fruta. Louise aconseja por carta a la más lúcida de la tribu. Compensar el exceso de yin en el yang con resquicios de requesón. Celebrar la pasta en su pesto con efusiones de cocacola.
    La patata en el turquesa del último insomnio como aliada de la cebolla. Hacerla blanca por adición de leche. Hablar a la lengua y su memoria por la cosquilla del cilantro.

    Con doble brío preparan arroz con coco. El titoté, que podríamos llamar el león verde o hiperión de esta gesta, exige la primera agua, la segunda es para cocer. Sobre todo no mezclar la carne del coco con el plato, el plato no debe ser mixto sino una especie florida y prístina de esos cereales.



cada remolino
es el imposible
del águila molecular


    El budismo zen y la santería nos aglutinaban en torno a dietas aún más metafísicas. La inquietante abundancia de nuez moscada, las salsas sin ligar, un tanto crudas. Una repetición de la trucha y del salazón de maruca con avellanas. Cosas que hay que comer con cosas. Esto acompañado de esto otro. Camembert y Burdeos. Rioja y ensalada.

Las cosas últimas

    Las dudas se suceden en mi mente calenturienta. Difuso pensador, no proceso el fértil instinto. Cuando Rufina y Maria José se desnudan, ante el recién llegado Ariel, yo esbozo un aplauso histérico y me abismo en mi parálisis. Digo que estoy muy apalancado, que empiecen sin mí. Y miro la manera en que ellas echan mano al pantalón de Ariel, lo retiran con crepitaciones de masacre de atunes, lo pliegan como las sábanas alargadas de un serpentino matrimonio y toman la banana rosada entre los labios. Muy sonriente, como en un anuncio de queso Ariel empuja sus dos cabezas hacia su cuerpo emperifollado de lobo.

    El espacio de moqueta azul azafata y cojines que parecen camisa de mujik. El espacio que ellas llenan de sus piernas abiertas y su falta de naturalidad, tan lógica. El espacio que la luz del sol llena de esas piras de aire incandescente que emergen de los maternales sillones. El espacio que incluye la negrura de las cabezas, de las bandejas donde el líquido azabache humea en las tazas. El ébano líquido y una jarrita para la líquida nube.
    Las dudas toman la forma de ojiva gótica, la mística impaciencia, el gótico es suicida y despectivo. Con el mantra digestivo de un amén. La vida me ha traído a una orgía y colmado mis peticiones disparatadas. Ahora corresponde hacer las cuatro o cinco tonterías que mi fantasía dibujaba en la noche solitaria. Poner una mano en la grupa de Rufina y la otra en el pubis de Maria José. Comprobarlo sedoso y cálido. Comprobar de alguna manera, en ausencia de pelo, sedosa y cálida toda su piel. Mojada ya por la blanca baba de Ariel su grupa sosa y excitada. Dragontina su respiración contenida cuando Ariel la toma, y ella me topa con la frente, esperando que yo tome su rostro y busto, quizás, o tan sólo que sea testigo de su rubor y su respiración dragontina.

    Otra mujer espera semidesnuda, tomando una tila. Es delgada y su actividad teórica se descarga sobre una ojival paloma de papel, en nombre de la paz. Sus dedos la posan aquí y allá sobre la mesa de cristal ahumado. Sus pies parecen desligarse de todo calzado, dejando los zapatos colgados del pulgar. Mezcla de sirena y gacela azul. O bien una mujer migratoria, sostenida por la espiga de una de sus antenas. El lujo de cerámica que tienen las tejas blancas desde la terraza. Los libros de cartón que parecen de un rubio gigante. La paloma de papel es la creación en cuanto prototipo blanco de la luz del cielo. Su geometría espejeante, su plegarse, es el estarse tranquilo de la mente del seno materno que todo lo acoge. Cuando Sandrina llega, verificado el concierto, la flaca la recibe y ambas, la gorda y la flaca, parecen dos especies de cobra y culebra, o dos ramas gangéticas, en simétrico y doloroso pasatiempo.
    Sólo porque hemos llegado a ellas ocurren las cosas.




   

LA PLAYA


Después de unos momentos de pánico sin tomar nada le dice: “Me he quedado esperando el otro”.

Manolo: (Ella se abre y entro en la estancia mojada y en el mío hay un sopor sin alarmas que me extraña.) No me surge del cuerpo, no soy sincero aunque sea mi deseo.
Es quizás el deseo de ser sincero el que me bloquea. Las olas emiten jadeos impacientes.
Es desnudo como se entiende el viento, en el momento de penetrar.


Jane:  No te preocupes, (ella dice), quédate encima y muévete de manera local.
Manolo: Siento que desciendo al magma central, como una piedra densa y concentrada, como una prensa.




Angustia
de que mi sexualidad se vuelva complicada
como la del hombre normal
que nunca he sido.
De ser otro reprimido más,
otro complejo privado,
otro secreto de prepotente
en este gran espacio público de la animalidad
y las nubes,
del horizonte atormentado de distancias marmóreas
que se ríe de mis plegarias.

Manolo: ¿Por qué no me consolé con el orgasmo primero?
Ahora es cómica su voz didáctica.













Sobre los autorretratos en el Infierno

Manuel Montero





¿Los pintó con tinta china?
Yo andaba en la ciudad. Era roma y masiva. Tomaba Red Bull. Llovía y comenzaba a hacerse de noche, quiero encontrar libros de ocasión volviendo a casa, pero estoy lejos todavía. Paso al lado de un iluminado y solitario local de congelados. Nadie salvo una bella morena larga en la treintena y gruesos papeles manuscritos con rotulador grueso. Los leo desde fuera. Se congelan verduras del Renacimiento, se ofrece también tinta congelada. Mi diálogo es lento, muy, muy lento tanto de un lado como del otro, se diría que ella es erudita. Ella lamenta que las verduras en las que me intereso se hayan agotado. Largos silencios pasando por los frigoríficos. Falda en cuero, medias negras, tacones.
    Hago para ella el cálculo del precio del paquete grande y recibo un ¨Tiene usted muy buena memoria¨.
    Llevo montones de bolsas de plástico. La librería es mezquina y pretenciosa. Jóvenes alumnos de Letras Hispánicas, pupilos mimados de los nuevos profesores, la gestionan. Se me pide que deje todas mis bolsas y no encuentro sino títulos anodinos. Se saludan a grandes voces, noto la forma automática en que dicen que es difícil de encontrar la Generación Beat y se recomiendan los unos a los otros leer. Veo que se burlan de mí...
    Los únicos libros que tomo para mí en medio de sus basuras pestilentes tienen un precio desorbitado, como un suplicio.
    Parecían en todo caso excitados por la idea de que yo los visitase.


    Es así como decido pintar otro tipo de autorretrato. Llevará como título Los pedantes de Praga, siendo Praga el nombre de la librería.

    Iba a estar en ello aún varias horas esa noche, ya que todo comenzó por una cosa más simple. Una amiga francesa y otro amigo americano vienen a visitarme. Viendo todos esos dibujos sobre kraft, lamentan que yo no haga más autorretratos. No hay bombillas que funcionen, de este lado de la casa. No hay sino la grande y nueva caldera que funciona 100 por 100. Calienta el taller y el salón, mi amigo americano podrá quitarse el abrigo y la bufanda. La Gioconda es un tema eficaz para atraerles un poco, he hecho varias. Mis gustos no cuentan más, ya no se está a la escucha...

    Les debe gustar verme, cuando insisten tanto en el autorretrato...

    Pienso que debería entrar en el juego social, si quiero volverme un hombre de negocios. En la calle Zapatín se venden recuerdos, calzados... Hace tiempo que dicen la buena ventura, suficientemente cara para que sea negocio. Instalarse en la provincia. Hacer correr rumores. Las videntes en mi medio son las que llevan todo al cabo. Cuento mi proyecto de viaje, hablo de las bombillas, ven una mujer en mi vida. Se me recomiendan cuidados cosméticos un poco extravagantes de los que tomo nota en las hojas naranjas de papel de la vidente. Hay que purificarse con agua de romero y meter claveles en la bañera, mitad blancos, mitad rojos.
Mi deuda kármica ha terminado.
Me he movido demasiado tiempo en el plano astral.
Más del lado de la pintura que de la escritura, mis ganancias.


    Mi amiga francesa está conmigo todo el tiempo.
    Mira su reloj, me tengo que dar prisa, tengo que quemar Fasur antes de la puesta de Sol. Por otra parte, en el incensario, la otra tarde, quemé por torpeza un perfume profano. Huele bien y pinto escuchando música.

    La tinta está fría pero suficientemente fluida. Es animal y viviente, apesta a pescado.

gesto tenso
Wayte, Merton

composiciones

medir el Infierno *su longitud y anchura, su profundidad

+visualizar a los condenados
+oírlos gritar
+sentir la temperatura de las llamas y los calderos
+percibir el olor del humo


Mi amiga francesa escribió sobre mí al principio del Invierno un largo artículo científico. Cito: "Es un brujo. Su Arte es un tipo de magia a la vez antigua y propia a los revolucionarios, al tarot, a los cabalistas..." Ella describe mi taller de trabajo como un laboratorio de alquimista. Incluso los libros que están desordenados la sorprenden. Las tres velas que siempre enciendo en el suelo. El día en que le propongo posar desnuda ella parece transportada, esperándose una especie de metamorfosis.



Tengo muchas ideas. Pero no comprendo mis ideas. Ninguna idea que me ayude a describirlas. Así que propongo que mejor vayamos a su casa, para no ser molestados y que tomemos las primeras notas.

Ella posa tendida de lado. Trabajo sobre kraft. Hago tres (1 m x 150 cm). Después ella hace toda una serie de gestos de cortesana (me ofrece un vaso, un cigarrillo, mira de reojo sosteniendo el cigarrillo, abre una camisa...) que yo fotografío moviéndome alrededor como en una borrachera. La significancia pasa muy rápido por el cerebro, y se evapora. Ella se duerme en el sofá del taller y yo trabajo en una tela de 2 x 2 en el suelo con botes de un litro de óleo blanco titanio y de tierra quemada. Dibujo su chaqueta con un rojo de cochinilla y su minifalda con indigo.
    Me acuesto en la alfombra. Mi amiga francesa cuenta sus fantasías sin moverse:

    "Yo subía al Cielo y unos ángeles travestis me interrogaban. Una de estos ángeles, negra, pintada de azul en los párpados y rojo vermellón en la boca, se aproximó a mí y me preguntó: ¿Conoces el camino? ¿Has seguido nuestras huellas? ¿ Ves la leche seca y la música parada desde nuestros gritos? Yo miraba alrededor, allí había fenómenos de espacio llenos de movimiento, de luz y de sombras. Mi ceja derecha señalaba a la Luna, la otra al Sol. El ángel atraviesa a una gran velocidad el espacio hacia el fondo y allí se pone a flirtear sobre un enano. Los dos desaparecen.
    "Otro ángel, esta vez invisible, me cuenta, amiga mía, debes hablar de una Guerra en el Cielo. Siquiera sea la de la ignorancia. ¿No debería hablar yo más bien de una Peste en el Cielo? ¿Cuál es la Razón de Dios, que ordena la enfermedad o los sueños? Hago un viaje a través del trance a las Verdades del Cielo. De donde sale mi:

    "1er éxtasis
    "Una mujer que representa a la Tierra está afligida de los días de su menstruación. Con su concubino en la cama ella se queda la braguita blanco hueso amplia y apretada. El concubino le propone, ya que ella quiere evitar el coito pero no los juegos, ponerle un poco de mantequilla en la entrada del ano y sodomizarla. Muy pronto ella empuña el sexo y precipita un "córrete en mis tetas, entonces". Ella lo masturba, tendida sobre él, enérgicamente. El concubino recibe sus jadeos y experimenta un reconocimiento íntimo de su propia excitación en el aliento de ella, su masturbadora frenética. En su frenesí ella añade sus pezones a los stimuli sobre el glande. ¿A quién representa el concubino de la mujer que representa a la Tierra? ¿Sería Adán, destinado a reposar en su interior? Y sin embargo, la Tierra, afligida de los días de apocalipsis en los cuales sus frutos tornan a la amargura, ahorra al Hombre Primordial el reposo de una tumba. Ella prohíbe el coito, y, no obstante, juega con el hombre el juego del Amor.
    "La Tierra unta sus tetas del semen del Hombre. Sueñan juntos que esta sustancia los afirma, los hace más pesados y más suaves. Es el Cristo. No está con ella para fecundarla sino para ungir su cuerpo, para sublimarlo. Sutilizarlo, diríamos, a fuerza de atarearla, alocada, sobre el suyo propio."


¿Está poseído por el diablo, o un vampiro?

Me he preguntado si mi amiga francesa sería una espía. Este temor de que ella sea una agente secreta es equivalente del temor de hacer el amor con una especie de vampiro o de demonio. Su debatirse, sus orgasmos, me parecían en mi angustia extraer su fuerza de una intencionalidad infernal, arcóntica, de fiera saturniana, como por querer añadirme al número de los servidores o esclavos de un dios malvado, de una Babilonia o de un Moloch de los que yo ignoraba los detalles. ¿Debíamos comprobar las fisuras en la seguridad de los aeropuertos americanos? En los rayos X la paraban varios minutos y sacaban una navaja nada pequeña de la que ella no me había prevenido en nuestros equipajes de mano. Ella contravenía por método las órdenes. Se levantaba y andaba hacia los servicios durante el aterrizaje, haciendo saltar como por resorte la única azafata de un pequeño vuelo Miami Washington. Cruzaba las avenidas por fuera de todo código del peatón. Se hacía sospechosa.
    Mi silencio nuevo, la amplitud de mi discreción, son ya síntomas de posesión, difusos estados vampíricos.


Iremos a intentar vender ciertas obras sobre kraft al mercado latino de Estados Unidos. Nos informamos sobre el coste de un viaje a Miami tomando en cuenta que hay ABSOLUTAMENTE que entelar los papeles. A causa del clima caliente y húmedo de Florida los coleccionistas no comprar NUNCA papel.

    Berthe querría que yo pusiese un poco de orden en mis rollos de tela y mis sustancias amontonadas. Me sugiere trabajar en caballete para no hacer abolladuras sobre la tela. Igualmente la irrita que yo corte mal el kraft haciendo difícil el enmarcado, ya que pinto hasta el borde. Y después la idea de entelar los kraft le parece excelente justamente porque permite aplanar las ondulaciones y hacer la obra lisa.
    La tela necesita abolladuras y el kraft ondulaciones para ser pintura.


    Con vistas a encontrar  algo de cachondeo y estar listos los dos para las ideas de la pose, reflexiono sobre la sustancia a consumir juntos. Soy personalmente cafeinómano. Pero conozco algunas sustancias del lado no legal, ligeras en principio. Pienso en el cáñamo, que me ha aportado otras veces una economía del volumen y sus agenciamientos en la composición, así como una cierta sensualidad perceptible en mis trazos. Mi amiga se dice conocedora, antes de nada nos dejamos ir en las calles de mi barrio, allí donde basta andar despacio para que te lo ofrezcan. Aún es de día, pasamos al barrio de la montaña, imperceptiblemente, entablamos un diálogo en marcha con un étnico del terruño. Lleva dos chinas de polen. A diez euros. Tienen buen olor. Todo parece en orden. Estoy operando a la vista de todos y mi étnico me sugiere correrme un poco. Sonriente he pagado con un billete de 20 euros, porque creí comprender que estaban a diez cada una. El honesto camello me devuelve diez. Yo por mi parte le devuelvo una de las chinas, un poco contrariado la toma y masculla: haz lo que quieras.

    Ella abomba y cimbrea sus caderas acodada a la alfombra, mostrándome el sexo a través de la sutil braguita. Mi coleccionista del XXe asegura que los pasteles se prestan a los efectos facilistas. Es quizás en los otros pintores. Volubilis. Los pasteles Sennelier portan extraños y sutiles espíritus, tienen una plasticidad efímera que pide que se les ahorre el fijativo. Llevamos con nosotros, haciéndola rodar por el taller al desplazarnos, una grabadora. Ella está entrevistándome mientras posa, es una superdotada. ¿Cuál es mi relación con el mito, con las divinidades antiguas?


    La pintura, cuando depende del Arte, está siempre más cerca de la escultura que del dibujo. Es necesario que los espíritus tengan el espesor en el que depositarse, algunas manchas pesadas para agarrarse, una cierta confusión en los brillos, una superficie que esté recorrida por especies de olas, que les sea análoga. Estamos descubriendo la materia. ¿Qué es la Prima Materia sino la Materia más querida, aquella que lleva en sí el fuego de los sueños y de los paisajes de infancia?
    Se podría hablar de un Deseo de Materia como de un espejo en el que la pintura hace visible el deseo de las almas por el espíritu. El pintor, pues, va a buscar abajo, baja a las cavernas, para que el alma, el pensamiento, pueda ascender al Cielo, con el Padre.

    Es tarde en la noche pero una buena hora para ir a escuchar verdadero flamenco a las cuevas del Sacromonte, las que no tienen programa. Estamos como debilitados por todo lo que hemos estado haciendo, por la embriaguez y por haber follado, por la música atronadora de nuestra discusión. Una zambullida en el Cielo, saliendo a la calle. Como los átomos de Lucrecio, pasando a través del vacío y su risa.

    Nos alejamos demasiado en nuestro paseo. Las cuevas que vimos no nos interesaron, las dejamos atrás y seguimos el camino: pasamos, en la oscuridad, la cuesta que lleva a la abadía. Caminamos por un camino de tierra sin luz que en principio debería desembocar sobre la pequeña cortijada de Jesús del Valle, casi en las fuentes del río. No ignoro que es un lugar de más en más deshabitado. Antes hacían pan, existían en mi infancia campos de algodón y granjas, la última vez que vine no había más nada de eso. Una soledad asfixiante y las idas y venidas, en el momento de la hora de la siesta, de un motorista inquietante que me miró desde lejos con un fondo de amenaza.

Un piano se deja escuchar al fondo del valle. Por el campo, tropezando con ramas caídas y la inefable angélica seca, Berthe avanza hasta una ruina y desaparece. Yo querría decirle que volviese. Pero el temor de atraer a los que yo suponía ser delincuentes me hacía tragarme mis murmullos: me adelanté y me acerqué al agujero arenoso de una ventana. Desde ella pude apreciar un piano. No quedando puertas ni techo ese piano todavía entero me sidera, veo velas humeantes y ninguna silla. El silencio no me deja suponer nada.
Berthe.
Creo oirla bisbisear: sí, ven...

Debo confesar que es abrumado por una gran timidosidad como entré en esos lugares: parecían vacíos de pronto. Cercos de vasos sobre la caja de resonancia. Frente al piano, ennegrecido por capas de humo, un cuadro cuyos detalles se ocultan tras la pátina. Tiene el aire de esa pintura de desnudos alegóricos y costumbristas de Julio Romero de Torres. Pero la firma es de otro.

Un mareo se instala en mí. Voy al fondo hasta la única puerta de la ruina: la voz de Berthe se deja oír detrás de esa puerta. Dice que va a presentarme a un pintor.

Vuelvo al cuadro.

Hay tigres que rodean a una pareja de enamorados en ese claroscuro del betún y de las tierras negras que no cesa de arrebatarme. Un fondo de crepúsculo.

¿Te explico el cuadro? El hombre es gitano o agitanado. Nos damos las manos. Un perro ladra cerca del río, distrayéndome de las explicaciones del pintor. Pero pasamos a otras materias. Me pregunta mi nombre e insiste en que le de los dos apellidos. Puede ser que conozca la familia de mi madre. Me toma del biceps y conduciéndome al fondo y con la mano en el pomo de la puerta me repite varias veces que es José, el padre del padre de mi madre.
    « Vamos a pasar por un pasadizo subterráneo, pero lo que te interesa a ti es conocer. Puedes tener confianza en tu guía. Tienes mis palabras para acordarte. Tu baza es que eres como eres. No tengas miedo. Mucha mierda, mucha podredumbre cae desde el techo. El mundo de las ideas nos tira sus basuras, sus huesos o mendrugos = haremos como si fuese maná. A pesar de que estoy hecho como de silencio, me he hecho para ti, esta noche, de palabras. Mira tu mujer, allí, bañándose… »

    Berthe, en la gran extensión de la cueva, es vista al fondo nadar en un lago sin riveras.

    El espacio de este taller es el de un mundo subterráneo, pero suspendido en relación a cierto fuego, ES CICLOPEO. Es ciclópeo y supone una extensión como la de una sartén que hubiese cubierto los Campos Elíseos. Sobre la superficie de esta sartén saltamos, vamos y venimos, mi antepasado, mi amiga francesa, y yo. Sus telas están pintadas con grasa de cocina, con petróleo, mierda, orina. Las hay que figuran las vírgenes de yeso cubiertas de pelusa y de cenizas de volcán, esas a las que él reza y que coloca al lado de los budas chinos y de los bustos en oro de Camarón de la Isla.
    Decidimos que vamos a explorar el taller.

    Paso la puerta del Este. El fondo de sartén es constante.

    El espacio es inexplicable. Encuentro un personaje con la mirada diluida. Se viste de armiño. Camina descalzo. Nos ponemos a hablar. Me señala seis mujeres que montan guardia alrededor de una gran estatua de un hombre cubierta de plumas multicolores. Creo reconocer en sus rasgos a Marcel Duchamp, aunque se podría pensar también que es Lévi-Strauss. Es ese tipo de espacio absolutamente opaco de los bares que imitan a las bibliotecas. No experimento ningún impulso de leer esos libros.
    He maldecido este lugar, me dice.
    Pero ¿Por qué ?

    Vea, ya lo he leído todo, en esta gruta…
    Me muestra un pequeño papel en el que ha debido abocetar alguna cosa.
    Tome por ejemplo el primer libro al azar que saco : El círculo de la sabiduría : si bien su teoría o tesis de base es osada e interesante, a saber, un origen mediterráneo de los mandalas tibetanos, via el gnosticismo cristiano y maniqueo que hace la ruta de la seda, por mucho que la estructura diagramática de estos préstamos sea aún más escrupulosamente remitida a un origen clásico, griego y judío en un libro del mismo autor que he encontrado colocado al lado : Filósofos griegos, videntes judíos, bien que esta tesis osada, forjada previamente en el estudio del arte de la memoria de Giordano Bruno, no sea más que el pretexto para desplegar en complejas y eficaces estructuras diagramáticas los datos actuales sobre las diferentes escuelas del gnosticismo y bien que su lengua española alcance grados de elegancia y de sutil riqueza desconocidos en ese país desde Gracián, sigo pensando que no ha sido útil sino para justificar pérdidas de tiempo. Compré los planisferios del Cielo en metal en el Louvre, para seguir en todo instante las connotaciones astronómicas de los momentos de mi lectura, concebí la idea de elaborar una nueva Divina Comedia en concordancia con la gnosis antigua y empleé años en la construcción del Cosmos… Ocurre en la escritura como en el dibujo. Se prevén los movimientos que deberán hacerse. Después, hacerlos como cosa sabida. Así que seguí mi natural lúbrico y habiendo ampliado mis conocimientos conté una historia de burdel que nadie ha querido escuchar y que me ha hundido en el desvalimiento…

Me parece bastante penosa y triste, su historia, contada de esa forma, iba a decirle. Pero se acercó todavía más a mí y me susurró al oído:
    El eterno femenino nos agota en toda esta gimnástica erudita.
    Somos seducidos por la mujer prohibida.
    Se nos conduce a ideas de santidad que nos vuelven inútiles.

    El verdadero Edipo no es tan fácil… Tome el libro de Nahal Tajadod que se separa de los otros de una forma radiante y misteriosa : Mani, le Boudha de Lumière. En los otros ella hace pastiche, docu drama, pero ahí, gracias a los artificios tipográficos de una obra más académica, se muestra extrañamente seductora : ofrece esquemas, listas, traducciones, un catecismo maniqueo que ocupa en caracteres chinos una buena parte del libro, el resplandor de la ocasión de conocer una religión tan mal conocida, que fue la del joven San Agustín y que volvemos a encontrar mezclada al taoísmo y al budismo en China, la fama de revolucionarios de los maniqueos, que a través de los siglos llega incluso a mayo del 68… Todo ello habría quizás bastado a hacerme discretamente interesado en su lectura. Pero nunca la letra se presenta sin su obsesionante feminidad.
    Una tía muy querida me procuró el libro, haciéndolo llegar por correo. Lo coloqué ahí, con los otros.

    Bienvenido al mundo de las tías, interrumpo. Yo tengo una también, muy querida.
    Si fuera tan simple… Pero yo debía la nota a un deseo adulterino. En esa ocasión las mujeres se multiplicaban alrededor de mí cada vez siendo más eruditas. Yo vivía con una poetisa que estaba embarazada de mí, vamos a una fiesta al barrio antiguo, a casa de un escritor, y una joven parisina se presenta a mí ofreciéndome sangría y hablando de patrística, que es de hecho mi asignatura más secretamente preferida.
    Uno o dos años transcurren en diálogos a tres, después a dos cuando cada vez mi poetisa se duerme con el bebé, en el otro cuarto. La persistente presencia en mi espíritu de esta parisina, cuya belleza física es incluso más abrumadora que la extrema erudición. Vierto todas mis angustias en cartas a mi tía, contándole el parecido de esta parisina y de ella más joven. El libro llega. Me siento provisto de todas las mujeres que amo, y además de la autora a la cual atribuyo los mismos encantos físicos de las otras tres. Mi pareja estalla, la parisina enferma de una extraña melancolía, mi tía también. Cambio de ciudad varias veces y me vuelvo adicto a dosis patológicas de café.
    Yo reputaba al café ser una quintaesencia alquímica, una suerte de oro potable, de obscuridad, de luz, pues, hecha nutriente del alma, la dieta maniquea más actual : de hecho, el café ha sido, incluso con la fuerte ansiedad que me inducía, una especie de fuerte antidepresor que me sostuvo como un fantasma en ese desastre.

    Me parece, deslicé, que todo eso es culpa de usted, y no del libro…
    Coja usted otro, poco importa, y verá a lo que quiero llegar…

    Esbozo un movimiento hacia la estantería, pero enseguida el hombre se interpone para cerrarme el paso.
    ¿Conoce usted al poeta andaluz José A.Valente ? Mi parisina nos había enviado en otra época libros de él, añade como de paso.
    Por supuesto. Me parece que fue, digamos, apadrinado por el cubano Lezama Lima en los años 70, hago ademán de comenzar a desgranar mis conocimientos sobre Valente.
    Y bien. ¿Ve usted la estatua con las seis mujeres ? Usted creyó probablemente que representa a Marcel D. o a Claude L.S., pero yo pienso que es Valente.

    Guia Espiritual de Miguel de Molinos. Para una de sus ediciones, la de Seix Barral, Valente habría escrito un prólogo titulado Ensayo sobre Miguel de Molinos con cierta cantidad de detalles sobre la polémica y el proceso que condujeron al autor a las prisiones de Roma. Pone el quietismo de Molinos en relación con el budismo zen, y se leen con intensa delectación esas pocas páginas sobrias y violentas.
    Es un libro purpúreo, sellado de los delfines de S.B., protegido por una camisa de celofán, guarnecido de una banda con slogan sensacional del tipo de edición propia al Destape, como se llama en España el fin de la censura franquista.

    El hombre parece súbitamente soñoliento o borracho, a sus ojos asoman las lágrimas, y como blandamente se reposa sobre mí, su mano temblorosa en mi nuca, y me dice que sea bueno, que no olvide ni descuide las tareas domésticas, incluso si hace falta fregar los platos o barrer en la noche, airear la casa…

    Hay un Arte que es reconocible, poco importa el contexto.
    Piense en todos esos buenos alumnos de la librería Praga.

    Qué angustia de comprobar que el Arte está en todas partes…

    Una figura asombrosa se acercó a nosotros, la cabeza y los hombros cubiertos de movientes y grises ratones. Estaba vestido de cura, era rubio. Tenía las manos levantadas a medias y volvía sus palmas hacia nosotros, haciendo figura de abanico. Pero las escondió tras de sí, se enderezó más y empezó a cantar marcialmente. Cantaba de hecho marcialmente nada menos que versos de San Juan de la Cruz. Me puse de rodillas y sobre un papel dibujé lo que estaba viendo. Volvió a sacar las manos, aparentemente para que pudiesen ser dibujadas. Y cerró la boca, para que saliese cerrada.

    Se me aparece que mi alma está haciéndose freír en aceite, en esta sartén del reverso del mundo. Son sensaciones esquizofrénicas, dirán ustedes, pero son las operaciones sufridas por la cosa del arte. Siento, en una especie de experimentación de la creencia, que el núcleo de mi alma está ahí, en la mirada que portan esas sombras y figuras. Los árboles subterráneos y los eternos crepúsculos de lava, los cantos de dolor de las estatuillas, la llegada del juez presentida por una ola de viento rancio. Desde la puerta del jardín se percibe una fábrica anticuada. Son las fraguas de Vulcano, Hefaistos hace las coronas de hierro de los grandes animales del zodiaco, las cadenas de las lectoras de horóscopos y los aliños de los artistas afeminados o demasiado machos. Trabaja solo, no hay muchacho, solo una embriaguez con mirada de plastilina y botellas medio vacías de agria y oscura Ambrosía.
    Su armamento es cosa mentale, todo está en el coco, según lo que él cuenta, pero su deformidad es bien real.

    Cómo no es histérico el buen gusto de la mitología… Cúantas experiencias vacías… Vulcano es burócrata. El es el Demiurgo y son sus diccionarios los que hay que denunciar, las cadenas de la ideología… Frente a los vivos, este Muerto de los Muertos grita anatema, a los supersticiosos… Y para la putrefacción de sus Muertos habla de ocios…
    Me parece que mi alma se está haciendo freir al óleo, cuando recojo los trapos manchados de pintura, las botellas de disolvente y los ceniceros. Delante del cura. Pienso que ha salido de la fragua. Pero no tengo ninguna evidencia. No adivino su edad.

    Tú me ves, dijo, rubio, vestido de sotana y cubierto de ratones. Pero soy un espíritu. ¿Sabes que es el demonio el que te muestra, con su letra indocta, quién soy ? ¿Sabes que soy Miguel de Molinos ?

    Las oscuridades, las ilusiones ópticas, el aburrimiento, tantas experiencias de la perplejidad, de lo diabólico, convertidas en ejercicio ascético purificador. No se puede entender a Dios, como conocimiento, sin el contraste que da el diablo, y la visibilidad o invisibilidad demónicas. Miguel de Molinos recoge del suelo un libro blanco con un dibujo tachista en sepia. Sobre la naturaleza de los dioses, de Cicerón.

    Qué libro más espiritual…

    Y coge otro, blanco igualmente con una reproducción de una bandeja griega. El libro de la interpretación de los sueños. Artemidoro de Daldis.

    Según Santiago Montero en su libro Diosas y adivinas, Artemidoro escribió su onirocrítica desde una posición reaccionaria, totalmente programada desde instancias de poder, para atacar a los intérpretes de sueños un tanto subversivos que seguían un método tradicional basado en Ptolomeo, menos mecánico que el que él propone. El método de Ptolomeo sería feminista o protofeminista, y el de Artemidoro puritano y machista.
    Por mi parte, como juego textual, la aberración de toda escritura reaccionaria me ha resultado siempre estimulante en su monstruosidad, en la medida que hace adivinar una realidad que es negada, pero esa disposición mía puede ser la de aquel que ha estado expuesto a fuertes irradiaciones ideológicas.

    Plutarco, « Obras morales y de costumbres ».

    Su tratado sobre Isis y Osiris es el mejor libro devoto que he leído, aparte de mi Guía espiritual. Por otro lado Plutarco es más claro que Plotino, Proclo o Jámblico, y es ideal para un pintor vitalista como tú.

    Sexto Empírico, « Hipotiposis pirrónicas ».

    No quiero opinar hasta no saber lo que ha escrito sobre los escépticos Ignacio Gómez de Liaño. En un tomo de su libro que no ha caído en estas grutas.

    Charles Mopsik, « Les grands textes de la cabale ».

    Un libro gigante y muy serio, como exige su temática. Mopsik tiene una visión más cercana al estructuralismo francés que la de Scholem, lo que da una particular monumentalidad a su obra. No exento de conexión con los libros que venimos viendo. = De Scholem tengo una edición francesa La kabbale et sa symbolique. Confieso haber leído el capítulo sobre el Golem pensando que lo podría aplicar paso a paso a mi práctica de artista. Sin comprender que el lenguaje habla a la cabeza y no a las manos.

    Virgile L’Eneide. Merece la pena leer la traducción de Pierre Klossowski, por su lenguaje híbrido de latín y francés, tanto en el léxico como en la sintaxis, que muestra como se puede transgredir la sacrosanta gramática para descubrir un lenguaje mucho más importante que el de los diccionarios académicos.
   
    Ignorancia hecha diamante o sueño imposible, me veo conducido a una playa nubosa donde una mujer desnuda me mira desde las olas. Estoy recostado y veo su pubis en la espuma, triángulo que yo querría pintar como verdad abstracta. Es la superación de Mondrian y el rectángulo, no ya la onda rígida del cuadro sino el cálculo puro la visión, la localización de las oscuridades de la pura visión. Entro en un pabellón donde pinto ese pubis en un lienzo contra el muro, solamente pubis y resaca matinal. Después me tumbo con el balcón abierto en una estera y mi mano vagabunda alcanza unos libros apolillados y envueltos en pergamino. Me encuentro en Cuba, en una Cuba desierta del fin de los tiempos, sin pobladores, sin sonidos. Los libros son los únicos «seres». Observo el contenido y los títulos. La dedicatoria presenta al autor como Luis de Góngora y Argote y estos tomos como la edición de su tercera y cuarta soledades, escritas en la isla. En medio de las pescadoras y nereidas carnales, se adivinan los amores de infancia del autor. Como un signo del cielo reconozco entonces a Ginebra un año mayor que yo en la mujer de la playa. Un misterioso zombi llama a la puerta del jardín para avisarme de que me tengo que presentar en un examen sobre el Barroco. Una vez hice un examen así en una piscina. Se trataba de esbozar entre dientes una visualización del Universo y de todos los pensamientos. Desde el trampolín comienzo la descripción de las columnas que sostienen los trópicos y describo el giro del axis mundi como la monda de una dorada naranja que se deshace en el fango incorpóreo de la eternidad, girando hasta caer en su propia mismidad. Se me pregunta entonces por unos altavoces, para evitar el secreto, qué diferencia el Orlando Furioso de Ariosto y la Reina de las Hadas de Spencer de nuestro obsesionante Laberinto de Fortuna. Me sumergo para que las burbujas hablen al ángel de las dudas, para que las burbujas le digan de una vez la diferencia entre uno y otro libro. La diferencia, parezco decir, es la caprichosidad que hace de Spencer un balbuceo y de Mena un grito. En la isla desierta busco y grito como en un sueño, después de haberla urdido con el reposo de mis facultades. Para que el Laberinto de Fortuna no nos pierda o acapare, podemos vacar del universo en el falsete femenino de la Reina de las Hadas.
    Las olas en su énfasis sobre la arena dicen la circularidad de todo gesto cósmico o moción del espíritu pasado. El antiguo universo es familiar como el mar. Las triangulares amazonas, y sus hijas, que nunca quisieron otra cosa. Las amenazadoras reinas que siempre estuvieron vestidas de pieles. Hemos dado en un cosmos que está desertado por la mujer, en su inmenso órgano sexual la diosa se ausenta y los héroes bailan en un desfile grotesco que sólo habla de trascendencia. Sólo se habla en el universo de cosas que dan nostalgia, porque ya no existen y de las mujeres brota como una existencia inefable la condición de que podamos hablar.
He querido volver en la máquina del tiempo a mi infancia y ser de nuevo un muchacho serio, concienzudo y de buena conducta. He querido rescatar la alta edificación del pudor, la curva que evita la caída. Poder dirigir mi palabra a los seres sutiles que han conservado los modales. No quedar postrado ante la máscara, por no poderla portar.
He aquí por qué es necesario que delimite el universo. Desde el caos que era de muchos tonos cromáticos y abundante en sombras, con picos y salientes en toda su bombeante piel. Desde el nacimiento patológico del Cielo, como garante o condición de lo elevado. Duelo de nacer. Fiebre que invita a callar, poderoso silencio que anuncia el sentido. El cielo que será a su vez despojado de toda satisfacción en su garantía por causa de defunción. El cielo que anuncia su indisposición con un tomar distancia, con un abstenerse o suspense. Y de quien se genera el movimiento hacia el alma, ya que como padre es transitado siempre perpetuamente. No tendencia al padre, sino transitación del padre para la identidad.

Jane, la mujer liberada, acompaña con chasqueos de lengua, con su horizontal desnudez, mis respuestas en este examen. Hago lo mejor que puedo. El tribunal me indultará de la tarea de tauromaquia interior que me atormenta. Avanzar respuestas sobre el Barroco se hace a través de cualquier definición que yo de de la realidad o del Mundo. De paso el Barroco incita a hablar del Tiempo. De los Tres Momentos de todo tiempo. Y el sueño de Jane es tiempo de la alta mar. Un flotar o nadar hacia lejanos barcos o islas, en la mayor simplicidad. Un buscar la protección de cisterna o estanque para nuestro naufragio. 



Las olas: que interpretan un quatuor de Reynaldo Hahn mientras se diluyen en la conciencia.
Las olas en off.
Las olas
más tarde
en stand-by.

Las olas siempre como caballitos cachondos. Vengo a la playa a escribir, como los genios.
El luto de cerámica que tienen las tetas blancas desde la terraza.
Con el agua que asedia lagrimosa la Tierra, desde las estrellas, se hacen los collares de espuma de una y otra diosa. La Urania, cuya elevada educación la abandona a ser morada de las marítimas águilas, las mentes imperiales que solamente conocen el vino gris de la filosofía natural. O bien esa otra bañista que también se lanza al ataque, y que asperja de barro nuestro fluvial reposo.
Ambas son círculos de escudo en el torso de Juno. Luna doble o Sol morganático, el aire es territorio de los torneos entre fetiches, entre la mujer y el joven.
Infatigables, las violáceas musas atacarán una tras otra. Como si toda su existencia se actualizara en esos asedios repetidos, como mecánicos. Es necesario para la sucesión del tiempo. La imagen es siempre la misma.

La pintura es una mónada extensa

La pintura
procede en las zonas
y procede por capas en la hondura del punto


El proyecto de pintar una “marina”
Con arrepentimientos.

Capítulo central
EL MANICOMIO


    Salvador Dalí decía que estuvo en una exposición de Mondrian y que las puertas estaban mejor pintadas que los cuadros expuestos. A eso se parece el éxtasis en el manicomio. En un platillo de la psique está ese repintado casi perfecto en tonos pastel propio a los hospitales intemporales. Y excavando más profundo en la memoria está el cieno que depositamos en el otro platillo, un micromundo en el que se discierne algo así como el grabado de una cárcel de Piranesi.
    En los estados internupciales de Manuel se encuentra la gran ausencia en el centro del cosmos. Lo que para otros es el final o remate de la vida es el lugar de muda, de cambio de piel.
    Y a propósito de piel, el cambio pasa físicamente en ella. Se nos desnuda, para inspeccionarnos, para imposibilitar la fuga se nos viste de pijamas o de camisas de fuerza. Por la piel pasa la contrastada ducha en el hidrófobo, la orina con que se regalan los amantes del manicomio, sean o no del mismo sexo. Decorado para la piel humana, las paredes y los raquíticos parterres del manicomio, o sus capillas, donde la piel interior o cerebro es atacada por la espada de Dios. Debiera dar un significado religioso a esta topografía, definitorio para todas las demás, pensándola como un conjunto de capillas, asociadas a los sacramentos de la locura. El aislamiento con su célula, la ducha donde no existe diferencia, como en la muerte, el comedor con su imperativo de TRAGAR, los dormitorios que se hayan como intermedios entre todos los estupores, como en un no lugar, ya que los enfermeros y enfermeras, la limpiadora, entran sin llamar a cualquier hora, la capilla también inicial del interrogatorio o confesión, y la más inicial de la primera inyección, o bautismo de los locos. En un ámbito aparte la capilla más esencial, la del excremento, que a veces debe ser extraído a mano, y que define un tiempo que se eterniza, un instante de insight en el narcisismo atenuado de este monasterio.
   
   


80’S
BAR
Viernes
Viernes
Viernes


Yo quiero escribir un texto que sea como la portada de una revista porno, dice uno. El otro responde, que llame la atención, ¡osea! O que pase desapercibido por lo banal, continúa el primero, pero que tenga un trabajo de bricolaje simbólico, que sea, a su manera, eficaz. Sí, sí, más ginebra y más coca-cola. Fíjate en estos alumnos. Qué patéticos.

No hay que poner trabas al torrente que te sale, dicen en otra parte, pero a condición de tener claro quien eres y cómo te posicionas, hombre. No les puedes hacer el juego ni a los unos ni a los otros, tú estás casado con el lector, con el hombre de a pie. ¿Has visto qué revista más bonita me ha pasado aquel escritor? ¡En papel couché!

Como Miguel Angel había pintores a patadas.







UNIVERSIDAD

Espacio privilegiado para el diálogo, donde se sumerge el neófito en la inconsciencia de desconocer su estatuto. Espacio aligerado en un saber que soporta el signo, sólo lo hacen denso el vapor de los gimnasios masculinos y femeninos, un humo de cantina que desemboca en el hall y los lugares donde se dictan las clases.


Universidad
En la noche
De la roca
Y el mar



Las aulas magnas a media luz como en los cines. Los dormitorios mixtos con la pared acristalada a un lúgubre jardín. El conserje me indica que debo despertar al arzobispo, y de las clases asoman adolescentes agresivos que se ríen de mi pinta. Las alumnas pasan por el pasillo haciendo movimientos sexy con toallas. Hay más pasillos. Llevo varias horas perdido. Incluso varios días. Hay callejones interiores. El escritor William Borroughs aparece frente a mí como era al principio de los años setenta, con un cigarrillo en la boca. Es un empleado de la curia. Me entrega un paquete con mi nombre mecanografiado. Salgo a una pista de baloncesto que está en un acantilado sobre el mar. Escalando la roca llego a una estatua de Angélica encadenada. Luego entro en una gruta donde se venden dulces de Navidad. Vuelvo a la universidad. Paso al lado de una serie de gimnasios donde los adolescentes gritan consignas políticas de derecha. Unas chicas en shorts me amenazan con desnudarme a la fuerza. Yo encuentro una minúscula cocina y me preparo una infusión que tomo con dos o tres galletas. Abro el periódico. Sólo se habla en él de submarinismo y de pulpos. Hay un momento vertiginoso de ensimismamiento en el que observo entre mis manos, sobre el periódico abierto, mi propia mierda.

París 8 de febrero de 2006



    A mis pies, surgiendo del légamo, un pulpo remolineaba sus tentáculos, creciendo vertiginosamente hasta ensombrecer la tímida aurora de hasta ahora.
    Yo temía que los tentáculos no tanto me aplastasen, pues parecían entregados a un pavoneo sin peso ni reposo, cuanto cediesen a su sarmentoso serpenteo y se enrollasen conmigo y pudieran estrangularme obedeciendo a la pulposa volición del monstruo. Mis labios parpadeaban mantras y padrenuestros, sin tendencia particular a una religión concreta, estaba totalmente perdido. La lección que venía a mi socorro era un seminario del Collège de France en el que la profesora María Gorea habló de copas babilónicas y laminillas. Estas eran de cuatro tipos. Las de escritura judeoaramea en caracteres hebraicos, correspondientes a prácticas mandeas. Las de escritura siriaca, con referencias y evocaciones vagamente cristianas. Las escritas en cursiva pamiriana o escritura maniquea, próxima al siriaco. Y creo haber comprendido un cuarto grupo en griego. Las copas estaban escritas en espiral, de forma que el líquido fuese « leyendo » el encantamiento, de estructuras insistentes y paronomásicas. Que se trataba de atrapar como en una trampa los espíritus en el espacio de la palabra escrita, como también en las copas doradas del orfismo, se realizaba o se veía en el embrujamiento de Dios o del demonio. Me resultaba interesante que lo que debía ser inscrito como donante era el matronímico y no el nombre común del beneficiario. En mi caso debía ser un potente operador, teniendo en cuenta la muerte violenta de mi abuelo materno.
    Por la fuerza de su desencantamiento la voz de la profesora, bien que no dirigida a mí, parecía dirigirse al demonio tentacular que ocupaba mi campo de visión o mi horizonte. Enunciado el exorcismo como acta de repudio o divorcio respecto al demonio entendido como trasunto de Lilith, en la magia judía, quedaba una cuestión que fue sometida por un asistente. El problema del mal entre politeísmo y monoteísmo. Mi prontamente admirada profesora respondió con candor y un poco de vaguedad que los dioses del politeísmo, como fuerzas naturales de un mundo complejo y polisémico, se habían visto forzados por los monoteísmos en el molde de lo demoniaco. No obstante, quedaba un fondo de finura en su distinción de los dioses del politeísmo como démones buenos, dañinos o neutros. Frente al pulpo, consideré que el servicio a la idea de bien, o por el contrario el abandono al automatismo y al servicio de lo perverso eran lo que situaba en una estirpe angélica o satánica a todo ser sobrenatural, y que ello era parte de su historia, o del contrato al que se prestaba. Consideré que mi pulpo, entregado a la vanidad y a la amenaza, estaba por debajo de mi entrega a la idea de bien, y de alguna manera el animal pareció disolverse, anonadarse en su musculatura hasta hacerse absorber por el barro.
La universidad como una serie de pequeños castillos apilados, en el centro de los cuales se encuentra una plaza de toros que la eterna tormenta ha cubierto de lodo. Entre las nubes se desliza el oro de un momento de sol. Estoy desnudo en el centro de la plaza. El público son apenas cuatro gatos, fumadores de pipa que desayunan apenas ahora. El toro se aproxima para cumplir el destino del círculo sagrado. Lo recibo con un capote no rojo, sino azul claro, de raso. Tiene bordados los lirios de la corona del rey de Francia y lleva una orla de armiño que arrastro por el suelo encharcado. Más tarde acudo en solitarias estancias a un examen de matemática especulativa. Busco los lavabos y encuentro lugares en los que los hombres se acarician bajo el agua tibia. Después se me hace descender por un tobogán suspendido desde alturas que lleva años descender. En mi camino encuentro niños y niñas que serán adultos algún día, en el mundo debajo del tobogán. Al pie del tobogán una mujer de unos treinta años, en malla negra, me propone que follemos y en el suelo de mármol me tiendo sobre su cuerpo vestido, en un acoplamiento desprovisto de vanidad y de voluptuosidad común.





Museo

El funcionario universal.

Miguel Angel solitario, o “lo que puede ser”.

Lo que da una idea de la muerte es escuchar música viendo pintura, o mirar la foto de Jane que sonríe ladeando la cabeza mientras escucho Jessica de Adam Green.

Las fotos me gusta tenerlas dobles. Y comparar una con otra.

Nadie puede penetrar todos los secretos.


   

 FIN DE LA NOVELA
VISUAL « ESPAÑOLADA VERDE CON SANTOS OLEOS » DE MANUEL MONTERO

mardi 16 septembre 2014

Pantoum séquentiel pour traverser l'espace

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no le gusta que le den la lata, a ***
me ha mandado a freir esparragos
bueno, yo lo adoro
no me importa, sé que él también me quiere
es como aceptar el lesbianismo de alguna que otra amiga o musa
el misterio de Proust es la libido social

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es que bueno, yo los artistas que he apreciado, era mas mi generacion, postpop, neopobre tendencia kitsch y expresionista retro
pero entiendo perfectamente la eleccion un poco peppermint frappé

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mardi, mi-septembre 2014

Place ***

Assis au café je remarque qu’avec le marché populaire et la terrasse de café sur le même espace, tout le monde est en train de délirer. Moi-même j’ai dû chercher l’inspiration pour venir peut-être assister à un cour de yoga, comme à l’époque de mon arrivée à Paris. Côté yoga non seulement je n’ai pas évolué, mais au début j’ai vécu de mes acquis, puis je les ai perdu. Cela dévient plus éprouvant de recommencer que de simplement commencer.

Je porte avec moi, à part un « que sais-je ? » de Claude Hagège, le « Xiyou ji » de Wu Cheng’en : le singe pèlerin, et je l’explore par plombées. Le même sentiment d’impuissance que pour le yoga, en égard de ce monument mythique. J’attends aussi « de descendre sur terre » depuis ce que j’ai fumé à la maison de ***. Je ne savais pas quoi faire.

Les préventions et sursauts m’empêchaient de me concentrer sur rien. Donc, je viens, en rentrant dans le cours de yoga, de vivre ma « descente » confié à l’autorité de ma nouvelle professeur. **** qui avait été ma professeur était bien là, et je l’ai salué. Mais, je me suis penché pour changer de personne.


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