lundi 14 septembre 2009

Zarabanda

Zarabanda de los once cuentos de B

Manuel Montero



La boda real



París, 16 de noviembre de 2006. Escuchando Dimi Mint Abba, música de Mauritania.



Querido B,

El príncipe estaba enfermo. Algunos nómadas del reino cantaban canciones tristes, pero cuando la flauta empezaba a sonar, los demás le hacían signo de callar. El astrólogo y médico principal había recetado el corazón de un árbol gigante que debía encontrarse en Oriente, sobre una gran montaña. Pero el príncipe había empezado a no comer y a mirar extrañamente la Luna, con un leve quejido como de animal.

La princesa conocía a un vendedor de agua que conocía a un pobre labrador que de niño había estado fascinado por la Luna. El vendedor de agua, a pesar de la tristeza del castillo, no paraba de hablar de esto y de lo otro. Decía por ejemplo que el remedio natural que aquel pobre labrador había usado, llegado ya a la adolescencia y no pudiendo soportar las lunas llenas, era una hierbecilla muy humilde y muy sosa que se encontraba por todas partes. Pero ese era un remedio de pobre. El labrador lo había tomado pensando que así iba a morir y terminar su sufrimiento.

La hierba no le hizo nada, era inofensiva. Ni siquiera emborrachaba o cosas así, porque no tenía fuerza. El padre del príncipe estaba harto del vendedor de agua y lo encerró en una torre. No era necesaria el agua en su castillo. Pero la princesa envió un mensaje secreto al paupérrimo labrador, que en respuesta le envió esta carta: "No me curó la hierba, sino las ganas de llorar que tuve después de darme cuenta de que yo no tenía remedio. Mis ganas de llorar hicieron bajar a un grupo de ángeles, que no entendían nada de las cosas de la miseria. Les parecieron tan sorprendentes las enfermedades de Luna de los pobres que me subieron al cielo en una cometa a que pudiese pedirle a la Luna, causante de todos mis males, el fin de mi dolor." La carta del paupérrimo seguía contando una larga conversación con la Luna, en su gran explanada de plata, acompañado por los ángeles ignorantes.

El resultado de sus negociaciones fue que un día la Luna dejaría de molestarle, pero que el labrador tenía que pensar en alguien que se hiciese cargo de mirarla y quejarse de una manera rara, como un animal. El labrador dudaba, no le deseaba esa postración a nadie, a pesar de haber visto ahora de cerca la belleza de la reina Luna. Dijo, no le deseo ese sufrimiento a nadie. La Luna no podía soportar que nadie la mirase cuando estaba llena y entonces le hizo una promesa al labrador. La persona que designes será en el fondo muy afortunada, porque podrá casarse conmigo, que nunca me he casado en todos los miles o millones de años y siglos que estoy en el Cielo. Será rey en mi palacio, etc, etc, etc.

La princesa estaba estremecida leyendo esta carta, porque eso significaba que ella nunca sería feliz con el príncipe enfermo. Pronto recibió un mensajero de la Luna, un ángel muy pálido y con voz de gato que le dijo que tenía que empezar a preparar una gran fiesta de matrimonio porque la Luna bajaría a casarse con el príncipe. El rey, que amaba espiar a toda la familia real, estaba detrás de una cortina y sintió una gran envidia por el príncipe y su futura boda.

La fiesta empezó, todos los músicos y bailarinas hacían la música y baile más alegres y bulliciosos posibles. Se habían instalado ferias en todos los pueblos, y los nómadas se pusieron en oración, porque hacían todo al revés que los demás. De lejos se veía a los novios, muy grandiosos, la princesa lloraba al principio, pero luego estaba algo más tranquila, inexplicablemente.

Cuando la Luna y su nuevo marido subieron con toda una serie de caballería celestial hasta la mitad del Cielo, y solamente se veía el redondel blanco del plenilunio, la princesa fue a la habitación del príncipe. Allí estaba el príncipe, dormido. Alguien le había quitado sus ropas para disfrazarse de él y la princesa lo despertó y le dijo muchas cosas alegres. Los cortesanos y el astrólogo estaban desesperados porque no encontraban al viejo rey por ningún lado. Un destacamento llegó de muy lejos con el corazón de madera de un gran árbol de Oriente. El príncipe mandó hacer una silla con esa madera para su nuevo consejero, que antes era, según dicen, un pobre labrador. El vendedor de agua volvió a su oficio, porque el agua es lo mejor que se puede beber, incluso en un castillo, como bien dice él cada vez que le preguntan.

He recordado este cuento, y no sé si me lo contó alguien o si lo he soñado.
Muchos besos y felices fiestas.
Hasta pronto.



Los cuñados incultos






Hace varios siglos, en un tiempo ya remoto en que en Francia todavía reinaba el monarca, dos jóvenes flacos y poco agraciados fumaban pipa en una terracilla, sobre dos taburetes. Los dos tenían novias muy guapas, dos hermanas, Popea y Leontina, mucho más cultivadas que ellos. El uno era zapatero, de origen español, y se llamaba Lorenzo. Vivía con Popea, aunque no estaban casados. El otro era pastelero, vivía con Leontina y tampoco estaba casado con ella. Ese día había un débil sol de invierno y por eso habían sacado los taburetes a la terracilla. Los dos tenían mucho trabajo atrasado, pero ahí estaban tan panchos, hablando de ópera y de retórica.
Hay un maestro de canto y retórica en Italia que es muy famoso... empezó a decir Lorenzo.
Puntiagudo, el pastelero, interrumpió a Lorenzo diciendo que ni Popea ni Leontina necesitaban en modo alguno un maestro de canto y retórica, ya que se expresaban con muy buenas palabras y cantaban como los ángeles.
No lo digo por ellas, explicó Lorenzo, sino por nosotros. ¿Tú piensas que con la simpleza que tenemos y, sobre todo, con nuestra voz nasal, tan molesta, querrán algún día casarse con nosotros?
Ah, no, tienes razón, Lorenzo, dijo Puntiagudo. ¿Por qué no vamos a Italia, a recibir unas cuantas lecciones?
Así que dejaron la pipa sobre un taburete, entraron a que sus novias les preparasen unos bocadillos y una garrafa de agua para el viaje, y enfilaron la ruta de Italia, que pasaba por los Alpes.
Después de andar hasta caída la tarde llegaron al primer pueblo del camino, que era más bien una ciudad, quizás Lyon, se metieron las manos en los bolsillos y se dieron cuenta de que no tenían nada de dinero. Para poder seguir el camino, y siguiendo el consejo de un sereno, que es el guarda que hace la ronda de noche en los pueblos grandes, se pusieron a trabajar en el pueblo durante un año, Lorenzo como ayudante de un zapatero, y Puntiagudo como pinche de pastelería.
Con sus ahorros de un año, la siguiente navidad salieron para los Alpes. Esta vez el viaje duró algo más y vieron una gran montaña pero en mitad de la tarde que se hacía noche no encontraban donde parar, de modo que alumbraron un farolillo y fueron subiendo.
Fíjate la nieve que cae, decía Puntiagudo.
Pero si no se ve nada, respondía Lorenzo.
Como si no hiciese el frío que hacía, ellos seguían subiendo y subiendo en medio de la oscuridad y de los aullidos del viento contra la montaña.
Llegaron a un castillo, donde había dos princesas encantadas, envueltas como crisálidas en una tenue gasa de fibra de vidrio. Desde el fondo de su envoltura, las dos princesas parecían suplicar con los ojos una palabra mágica que rompiese su hechizo. Los dos jóvenes no sabían nada de magia y subieron a la biblioteca del castillo a mirar en los libros si existía algún truco para liberarlas. Se prepararon mientras tanto algo de comer, porque no podían más de hambre. Un asado de pato, creo, con lo que encontraron en la despensa, así como un chocolate caliente para el postre, mientras miraban los libros. En principio no había nadie más en el castillo, aparte de las princesas. Pero digo en principio, porque cuando Lorenzo y Puntiagudo habían comenzado a adormecerse, cansados de leer hasta el amanecer, la tormenta de nieve pareció apaciguarse y se oyó que llegaba gente.
Tocaban música a la puerta del castillo, como dando una serenata. Una gitana tarareaba una canción en un idioma misterioso, acompañada de una pequeña orquesta de gatos músicos, vestidos de seda verde y roja con flores en filigrana, y calzados con botines negros. Lorenzo pensaba que podían ser los descendientes del gato con botas, sobre cuya genealogía acababa de leer un pequeño tratado en pergamino, justo antes de quedarse dormido. Puntiagudo estaba sobre todo ocupado en intentar abrir la puerta, que parecía haberse cerrado para siempre.
No puedo abriros, porque la puerta del castillo está atrancada, gritaba a los de la serenata Puntiagudo desde dentro del patio de armas.
La gitana paró de cantar, los gatos aplaudieron, y las princesas se iluminaron como si fuesen lámparas de mesita de noche. Un extraño parecido con alguien muy conocido en las caras de las princesas dejaba pensativo a Lorenzo, ahora que con su luz mágica se les veían mejor los rasgos. Pero no estaba Puntiagudo al lado para darle su opinión, así que fue a prepararse un café.
Mientras tanto Puntiagudo intentaba hablar con los de la serenata, arrimó un sillón al puente levadizo, trepó encima, y por un resquicio asomaba la cara. La gitana tendía la mano, como pidiendo el aguinaldo, o quizás porque el dueño del castillo le debía dinero, y Puntiagudo fue a buscar a Lorenzo. No se acordaban dónde habían dejado los ahorros, y se pusieron a revolver todo el castillo. Después de un rato, Lorenzo se quedó de nuevo pensativo con su taza de café, sentado en un cofre. Puntiagudo volvió a asomar la cara y vio que la gitana se encogía de hombros y se iba por el camino, con sus gatos. Sintió pena de que los dejase solos pero no dijo nada, sino que fue directamente, por la escalera de caracol, a la biblioteca y siguió leyendo. Un libro llamó su atención: Tratado de los Diamantes Vivientes. En él había dibujos de rocas en el primer capítulo, de plantas como atrapadas en ámbar en el segundo, de animales petrificados en el tercero, y, cuando Puntiagudo llegó al cuarto y último capítulo encontró un dibujo en el que estaban las dos princesas encantadas con sus nombres debajo. Su sorpresa aumentó aún más cuando leyó los nombres. “Piedra Popea” y “Piedra Leontina”. Las propiedades de ese tipo de diamante viviente eran tres: ver las imágenes de personas queridas, enseñar todos los secretos del canto y hacer invencible en la retórica o arte de hablar y escribir. Sólo existían esos dos diamantes vivientes del dibujo para el cuarto capítulo, el de las personas, y según el libro no se habían vuelto a ver desde tiempos de Carlomagno.
Estaba leyendo más detalles sobre la piedra Leontina cuando se dejó oir en el castillo un sonido agudo, Lorenzo se había puesto a cantar, con una voz que se multiplicaba como un órgano de iglesia, o casi de catedral. Y después un estallido terrible. Su piedra había estallado con el último gran gemido de su canción de amor. Puntiagudo bajó corriendo donde las princesas y vio solamente que Lorenzo se guardaba un trozo de diamante en el bolsillo y que salía corriendo con una cuerda por el balcón.
Se va a caer, pensó Puntiagudo.
Pero Lorenzo había ya apuntalado la cuerda bien antes de guardarse el diamante, mientras estaba cantando, y su agilidad de joven flaco le permitió bajar bien por una pared inclinada del castillo. La banda de gatos lo esperaba con unos caballos. Cuando se hubo subido a un caballo moteado muy altanero, se volvió hacia el balcón de la sala de los diamantes vivientes y gritó a su amigo que bajara a su encuentro. Le dijo cantando: nuestras novias nos esperan, no hay mayor inteligencia que el amor y ése es para mí el mejor maestro de Italia. Ven, Puntiagudo, volvamos a los zapatos, yo, y tú a los pasteles, y a estar con Popea y Leontina.
Tú no sabes lo que yo sé, dijo Puntiagudo, hay un secreto en la Piedra Leontina, el secreto de saber hablar y saber escribir, y yo voy a alcanzarlo. Me quedo pues, vete tranquilo y sé feliz.
Puntiagudo se sentó delante del último diamante viviente, se hizo de noche, y con unos libros de la biblioteca se distraía mientras esperaba algún efecto maravilloso. Para tener un registro de sus experiencias, tomaba de vez en cuando notas en unos cuadernos, con tinta roja y tinta negra. De tanto en tanto echaba vistazos al diamante viviente y le parecía que los rasgos de Leontina cambiaban, en algunos momentos tenía algo que le recordaba un poco a su madre.
Se hizo amigo de la gitana y de los gatos y como iba leyendo casi todos los volúmenes y pliegos del castillo, a veces sacaba dinero de un cofre para comprarles comida y libros nuevos, de todas partes del mundo. Lorenzo se casó con Popea, se trasladaron a Lyon, que estaba cerca de su pueblo, ella bailaba y él cantaba lo que ella le iba pidiendo. Entre los dos idearon nuevos tipos de zapato, sobre todo botas elegantes y botines, y así se hicieron medianamente ricos y tuvieron muchos hijos. Puntiagudo veía todos los días a Leontina, y no se preocupaba de nada más. Fue envejeciendo, y en sus vistazos a la piedra reconocía a veces a su abuela, que tanto quiso de niño, y antes de morir la piedra le parecía ser un vivo retrato de la Virgen María, o quizá de la diosa Diana, sobre las cuales él conocía de memoria todos los poemas escritos en siglos y siglos, desde los griegos, casi egipcios, hasta los poetas de su época. Había escrito varios libros y, con tinta de luz sobre el diamante, esta historia que los gatos con botas cantan en su idioma a la puerta de los castillos.

Manuel



El escarabajo de Egipto


En una ciudad ruidosa, un niño se hizo amigo de un pequeño escarabajo que estaba en una maceta del balcón. El escarabajo era heredero de un reino subterráneo que ya no existía. Su mundo era el Antiguo Egipto, un oasis donde sus antepasados constituían una sociedad. Nada de eso era fácil de explicar. Así que la única muestra de amistad que el escarabajo podía dar era recorrer pacientemente los laberintos de maderas o de libros que el niño construía para él.
Un día, como suele pasar, el niño ya no se acordó del escarabajo y se hizo un poco más mayor. Tenía una novia muy guapa, con el pelo muy largo y muy alta. Ella le dijo: "La vida es como un laberinto. Yo tengo los ojos orientales porque soy adoptada. Si en el laberinto de la vida consiguieses encontrar a mis verdaderos padres, yo sería feliz contigo".
Bruno, que así se llamaba este muchacho, se preparó un té en la cocina, aún tenía algunas llamadas de teléfono que hacer antes de la noche, para su trabajo. Miraba libros sobre Egipto, buscando ideas, de tipo comercial. Luego vio las noticias sobre la situación de pobreza e incluso de dictadura en muchos lugares orientales y comprendió que su novia estuviese angustiada. Sus padres estarían sin duda muertos. Cuando terminó de hacer todo, se acostó.
Tres escarabajos salieron lentamente por un hueco de la biblioteca, que estaba mal reparada. Bruno los veía desde la cama recorrer en fila los montones de papeles que él tenía en la mesa.
No le gustaba matar los animales, así que pensó dejarlos vivir. Pero el ruidito que hacían con sus patitas sobre los papeles no le dejaba dormir. Era insignificante, pero él necesitaba silencio absoluto. Así que se levantó y se quedó un rato mirándolos de cerca. Uno de ellos le traía muchos recuerdos, pero no sabía por qué. ¿Por qué de pronto se acordaba de su infancia?
Entonces se quedó dormido de verdad. Así, sentado en la silla, con los brazos y la cabeza sobre sus documentos de trabajo y los tres escarabajos andando arriba y abajo por la casa.
Mientras tanto su novia había cogido un avión que volaba hacia Asia. Allí pensaba encontrar algún rastro de su verdadera familia, y, si no, luchar por los derechos humanos para así encontrar la paz. Durante el viaje no estaba segura de nada. Le parecía vivir en un mundo absurdo, incluso ahora que era transportada a través de las nubes, a una gran altura.
En el sueño de uno y otro, Bruno y su novia se hablaron. Se encontraron diciendo cosas que ellos mismos no sabían, mientras el rumor de la ciudad y del avión parecían hacerse música antigua y como sollozos de felicidad o el suspiro de algún animal profundo y misterioso. Ella, que se llamaba Tana, de pronto le decía: Mis padres están muertos y no me queda nada de ellos. Ni siquiera tengo un cementerio donde ir a llevarles estas flores, que ves en mis manos.
Bruno le respondía: Vuelve, Tana, tus padres han venido a verte. Han dejado sobre la mesa las dos lágrimas de Buda. La primera es femenina, y es de color oscuro, como un corazón en la noche, y está a mi izquierda. La segunda es masculina, está hecha de un oro blanco y se encuentra a mi derecha.
Cuando Tana llegó al aeropuerto, sus parientes la estaban esperando. Tenía primos, hermanos, sus padres estaban vivos y locos de felicidad no eran capaces de hacer nada más que llorar, porque el único recuerdo de ella que les quedaba era un pequeño escarabajo, pero se había escapado el día antes.




Enseñanzas
de un zorro
a un joven gallo






Aunque también podrían ser las enseñanzas de un viejo gallo a un joven zorro.
La primera lección trataba de los pulpos. El maestro decía al alumno qué admirables eran los pulpos. ¿Por qué? Pues por dos cosas, su forma de atacar y su forma de defenderse. Para defenderse cambian de color, incluso los dibujos de su piel se transforman, y si están pegados a la roca es imposible ver la diferencia entre el aspecto de la roca y el aspecto del cuerpo del pulpo.
Si están en medio de la mar, lejos del fondo, su forma de defenderse es otra. Esta vez expulsan tinta que llevan en una vejiga especial. Esa misma tinta ha sido usada desde hace siglos para escribir y dibujar, aparte de cocinar el arroz negro, como se hace a veces.
¡Yo conozco su forma de atacar! ¡Yo conozco su forma de atacar! se puso a gritar el gallo que quería demostrar al zorro que se sabía la primera lección, la de los pulpos.
Ah, ¿sí? Hazme una demostración.
El gallo dijo: Los pulpos se inspiran de la sabiduría de la Madre Naturaleza en su ataque.
¿De qué manera? Le preguntó el zorro.
Pues como si fuesen tan sabios como un maestro de la época antigua, es decir, dando latigazos con sus tentáculos a los alumnos-pececillos. Así, así, y el gallo con un revoloteo de alas daba en las narices del zorro con sus plumas de colores, de las que estaba muy orgulloso.
¡No me hagas estornudar, por favor! La sabiduría de los pulpos se parece más a la Madre Naturaleza de lo que tu crees, pero no como tú crees.
¿Entonces cómo hacen, profesor? Decía el gallo muy intrigado, suspenso en el aire sobre una sola pata y con el cuello muy cerca del morro del zorro.
¡Ven aquí a mi lado que te dé un abrazo y te cuente al oído! Y entonces el zorro empezó a decirle al gallo: los pulpos se parecen a la Madre Naturaleza, y de hecho a todas las madres, en que en cuanto ven a un pez que les gusta, quieren abrazarlo por todas partes con sus tentáculos, llenos de ventosas y muy enrollados, como si le tuviesen mucho cariño.
¡Vale, vale! ¡Pero suéltame! ¡Se ha acabado la clase, señor Zorro, acaba de sonar la campana!
Afortunadamente el zorro no era un pulpo y no podía agarrar con fuerza, a pesar de que con los dientes hubiera podido. Los picotazos del gallo no se lo hubieran permitido, ya que, aunque joven, era de pelea. Cuando llegó a su corral y su madre, una gran gallina con falda blanca y negra, llamada Doña Dialéctica, le preguntó qué había aprendido, el joven gallo respondió: He aprendido que los pulpos comen lo mismo que los zorros...
Con cariño, tu papá,

Manuel




La frontera de Portugal




En la Guerra de España, una muchacha sin dinero, con su madre en prisión y su padre escondido debajo de un mueble, traía azúcar y café a España pasando la montaña por la noche desde Portugal. Con ese azúcar y ese café sacaba apenas lo necesario para toda la familia. En su caminar a ciegas por las rocas, llevaba lo que iba a vender en un saco con un agujero.
El frío le azotaba la cara, y ella sabía de la existencia de lobos en la montaña. De pronto le pareció que se oía en la oscuridad una música apagada de piano. Como de alguien ensayando para un futuro concierto. Los lobos escuchaban la música, en unos peñascos, sentados en sillas de nogal, y una loba recostada en un diván de terciopelo estropeado fumaba con boquilla, como las grandes espías y las actrices de cine mudo.
"Aquí llega el café", oyó decir la muchacha justo detrás de ella. Estaba en medio de una gran ciudad de lobos. Habían puesto una farola altísima con carteles llenos de palabras y con banderas de color rojo, y otras eran puras sábanas mal lavadas y rotas que estaban mojadas con lágrimas. Le tendieron una pata, pidiéndole discretamente que dejase el saco al lado de la cocinilla, y una loba sacó el frasco del café que estaba en el saco y llenó una cafetera de estaño, que brillaba con la luna.
Mientras el fuego iba calentando el agua, la muchacha oyó que le preguntaban: "Y tú, ¿cómo te llamas?". Dijo que Etelvina, pero no dijo su apellido. Los lobos tendieron las tazas, cuando estuvo listo el café, y pidieron azúcar. Entonces la loba hizo gesto a Etelvina de que sacase el azúcar del saco. Pero se había salido toda por el agujero del fondo. "Debes ir a buscarla", le dijeron, "pero para que no nos delates te vamos a vendar los ojos". Le pusieron una venda en los ojos y Etelvina echó a andar montaña abajo.
Se preguntaba cómo iba a hacer para recoger el azúcar, sabía que los lobos estaban esperando para tomarse el café y que debía actuar rápido.
"Etelvina Díaz González", oyó gritar desde el pie de la montaña, "tus vecinos te han denunciado por contrabando, entrégate a la Guardia Civil o dispararemos". Ella no conseguía quitarse la venda y no veía para dónde iba, pero sabía que si se entregaba nadie cuidaría a su padre escondido ni a sus hermanos pequeños. Soldados y guardias civiles se indicaban las posiciones con trompetas y silbatos y empezaban a disparar sin esperar respuesta.
El Destino se apareció a Etelvina desvanecida bajo los rasgos de su madre Isabel, presa en la cárcel política de Ciudad Rodrigo. "Aquí estoy, hijita, para ayudarte. Esos lobos que hay en el monte bajarán a matar a los soldados si yo se lo ordeno. Pero, ¿cómo hacerles llegar el mensaje? Hijita, no desesperes, porque vivirás muchos años, verás a tus nietos y a algún bisnieto, y verás tiempos nuevos. Nostradamus, el profeta, en uno de mis libros dice que las mujeres en España llevarán pantalones, y eso sólo puede pasar cuando haya libertad y menos Guardia Civil. Tendrás que armarte de paciencia. Lleva el azúcar a los lobos. Ellos se encargarán de todo."
"Pero, mamá, ¿cómo voy a poder encontrar el azúcar, que se ha ido derramando por toda la montaña? Es de noche, tengo los ojos vendados y parece tarea imposible. Dime tú, que eres amiga de los gitanos y que puedes curar con la virtud de la magia, algún rezo o bendición que me haga recuperar nuestra azúcar."
"No seas ingenua, hijita," seguía diciendo la aparición a punto de desaparecer, "los santos del cielo son soberbios y sólo escuchan el sonido del oro, no es necesario rezar, todo lo hace la Naturaleza. Toma esta navaja, quítate la venda, y busca alguien realmente humilde que te ayude."
Etelvina lloraba porque nunca podría encontrar a alguien más humilde que ella, que vendía por una miseria el café que ella misma no podía permitirse tomar, y que estaba tan desprovista de sus padres, encargada de sus hermanos pequeños, y que ahora no sólo tenía miedo de los lobos, sino de los hombres del valle y de los malintencionados vecinos.
Algunas balas seguían silbando en el aire y Etel se tiró al suelo y llorando se iba replegando a rastras más hacia el monte, en dirección a Portugal. Algo le picaba en la barriga y luego le subía por la espalda. Era una hormiga. "Quizá tú eres realmente humilde", pensó Etelvina. "Humilde y no humilde, querida Etel," le respondió la hormiga, "porque con mi pueblo entero en pocas horas nos hemos aprovechado de ti". Etelvina dijo que no le constaba que seres tan diminutos le hubieran hecho o le pudieran hacer ningún daño. La hormiga se puso a andar y llevó a Etelvina al hormiguero. "Levanta esta piedra". Etelvina encontró debajo de la piedra un montón colosal de azúcar, que habían ido trayendo las hormigas por el camino, y se llenó el bolsillo del delantal.
Por la ladera portuguesa de la montaña alcanzó la ciudad de los lobos, que estaban esperando con sus tazas de café, escuchando todavía el ensayo.
"Sírvanse el azúcar, la traigo en el delantal. Ahora, tómense pronto el café y vengan a ayudarme a llegar a donde están mi padre y mis hermanos." Se tomaron el café y lanzaron unos aullidos que empezaron a poner los pelos de punta a los soldados que estaban en el valle. Después el piano tocó muy fuerte, una obra que parecía casi dodecafónica, en todo caso muy avanzada en el tiempo, y que a Etelvina le parecía compuesta por Nostradamus. Pensó que vería tiempos nuevos, que llegaría a muy vieja y que no se olvidaría de estos lobos, aunque viviese una vida de hormiga en alguna ciudad de lobos lejana, de exiliada.

Otra vez, querido B, no estoy seguro de si una parte de esto pasó o si lo he leído en Apuleyo o algún otro autor y sale ahora en mi imaginación como algo familiar, de la época del estraperlo.





Las tres bodas







Un ratón que vivía del queso ajeno y una mariposa musical o una paloma de luz se encontraron en un baile. "Quisiera tener una casa llena de queso como tú", le dijo la paloma. "Cásate conmigo", le respondió el ratón. La mariposa, es decir, la paloma de luz, estaba tan contenta que se puso a girar y girar un rato alrededor de la bombilla del salón. Hay que ver qué conquista acabo de hacer, se decía.
Mientras ella estaba revoloteando así, se acercó al ratón una avispa, o era una cucaracha acompañada de su amiga la avispa. Se casaron las dos con él prometiéndole todo el queso del mundo, que en realidad no tenían. Pero eran grandes mentirosas y siempre le decían que estaban a punto de heredar una tienda de quesos.
El ratón, hambriento y desgraciado, un día fue picado por la avispa. El veneno lo puso de color verde primero, luego amarillo. Iba a pedir ayuda por la ventana y vio cómo la cucaracha y la avispa se escapaban en el camión de la cucaracha. Lo habían dejado solo, temiendo que muriese y acusasen a la avispa o a la otra.
No tenía ninguna medicina eficaz, y su voz era débil, así que fue a mirar en el trastero y encontró una cosa que había fabricado la avispa para pasar el rato. Un avispero de papier maché, que ella hacía con la boca. Todo estaba a oscuras y el ratón separó un alvéolo del avispero y se dio cuenta de que por su forma podía servir de lámpara. Arrastrándose, con las patitas paralizadas por la picadura de avispa, llevó la lámpara a la ventana y la enchufó como pudo.
Esto servirá para alertar a los vecinos, pensaba él asomado a la ventana. El aire de la noche lo refrescaba un poco. Un enorme deseo de queso lo atormentaba. Llamaron al timbre y él dijo "Adelante". Como nadie entraba, fue hasta la puerta y la abrió él mismo. No había nadie en la escalera.
"El veneno de avispa, en este tipo de casos, se cura solo al cabo de..." La paloma estaba vestida de enfermera, muy guapa, con sus seis patitas en la ventana y sus alas alrededor del cuerpo. Miraba su reloj de arena y su libro. "...al cabo de dos minutos".

En la noche, los búhos eruditos expresaban de vez en cuando alguna duda profunda, siempre acerca del significado de la letra U. El ratón y la mariposa musical fueron felices hasta el final de sus días y dejaron asombrado a todo el mundo con su boda, tan original.

Desde París con todo mi cariño de padre,






La mesa del Tiempo
o De cómo las musas
provocaron el incendio de Roma






Antes de quemar Roma, el emperador Nerón, hombre malvado pero con inquietudes de artista, llamó a su buen maestro el filósofo Séneca, y le dijo: "Necesito un resumen de todo lo que hay en el mundo..." Y añadió, por si quedaba algún tema por resumir: "Y de lo que hay fuera del mundo, también."
Las musas acudieron a la memoria del filósofo, con todas las informaciones necesarias sobre la realidad y la surrealidad. Estaba muy contento porque las musas, que, como sabéis son invisibles salvo que las pintemos en un cuadro, y son nueve, le habían ayudado a hacerse una chuleta en un papel redondito, es decir, con la forma del mundo.
Pero le faltaba la surrealidad. Es decir, lo que hay fuera del mundo. Parece ser que para Nerón la cuestión revestía cierta importancia, no sabemos por qué. O sólo fue un capricho pasajero, pero suficiente para pillar en falta a Séneca. "Pon también lo que te estamos diciendo sobre la surrealidad. Nerón te lo ha pedido y estaría feo no decírselo", decían las musas a Séneca. Y Séneca, que había pasado toda la noche escribiendo su chuleta circular, en forma de mundo, y que estaba cansado, les respondía bastante agobiado: "Pero es que no sé cómo poner esas últimas cosas por escrito. Y además me falta papel."
La musa principal, que había hecho casi todo el trabajo de resumir, le dijo: "Bueno, pues si te falta papel, coge madera". Y le señaló la mesa en la que estaba escribiendo. La mañana se acercaba y Nerón llegaría con su guardia, quién sabe si con buen o con mal humor. En un plis-plas, todo pasó. Nerón abrió la gran puerta de la biblioteca. Una corriente de aire se llevó la chuleta de papel por la ventana. La musa, justo antes de desaparecer, para darle madera (intelectual) a Séneca, y como era la musa más fuerte, le acababa de arrancar una de las cuatro patas a la mesa del filósofo. Y Séneca tenía que explicar todo eso.
"A ver, Séneca", dijo Nerón, impaciente, "¿y el resumen?".
"Que me traigan el desayuno. Estoy molido de escribir", dijo el filósofo.
Le trajeron un huevo frito con lechuga.
"Bueno", empezó, "en el centro del mundo estás tú, oh emperador, como la yema de este huevo frito". "La zona blanca de la clara son las personas que te son fieles, es decir tu esposa Popea, la guardia pretoriana y yo, tu maestro". "Luego viene la lechuga, con su vinagreta, que son las dificultades que plantea el gobierno de tu imperio. La principal es la envidia que todos te tienen, y por eso la lechuga es de color verde." Y para concluir su improvisación, un poco trasnochada, porque las cosas verdaderamente sabias, inspiradas por las musas, acababan de salir volando con la corriente de aire, Séneca iba a añadir: "Y esta mesa redonda donde está el desayuno representa el mundo en su totalidad", con lo cual sólo le hubiera quedado por añadir la conclusión. Pero la mesa era cuadrada, no redonda como el mundo, así que miró primero a Nerón, luego miró despacio la mesa, que empezaba a cojear por la rotura de la pata, y dijo: "y esta mesa cuadrada donde estás tú, tus personas queridas y tu imperio, es el Tiempo, que es cuadrado y tiene cuatro partes: Primavera, Verano, Otoño e Invierno."
Nerón entonces dijo que quería contemplar de cerca esa representación de la realidad, y sobre todo el centro o yema, ya que se trataba de él mismo. Pero al apoyarse en el lado de la mesa al que le faltaba la pata todo se resbaló hacia él. El desayuno de Séneca se cayó, y el huevo dejó una mancha muy difícil de lavar en la lujosa túnica de Nerón. "La culpa es tuya, idiota", dijo Nerón, "prepárate a morir si no terminas tu resumen. A ver, ¿qué es lo que hay fuera del mundo, o del Tiempo, de forma resumida?"
Séneca, que era ya viejo, y que tantas veces había regañado al emperador cuando éste era un niño revoltoso, no pudo reprimir más su rabia y su desesperación y se puso a darle azotazos con la pata de la mesa. "Toma, caprichoso, aquí tienes resumido, a modo de garrotazos, lo que no está en el Tiempo, un pobre trozo de madera..."
La cruz de los cristianos, habría añadido algún autor piadoso, acerca de ese trozo de madera otorgado por las musas, aunque yo prefiero pensar que esa surrealidad era el final del Tiempo en un sentido más relacionado con el trabajo, siempre frágil, del creador de la mesa o de la musa obligada a escaparse y desaparecer.
Disculpa, B, si este cuento te parece, como quien dice, más denso que los otros, o más caprichoso.
Con todo mi cariño,



Las tentaciones de San Antonio


El cerdo de San Antonio no sólo hacía compañía al santo monje solitario, en el desierto de la Tebaida, sino que entre los dos habían aprendido a comunicarse. No digo hablar con palabras, pero sí intercambiar ideas. El buen cerdo, con su inteligencia, quizá ayudó al ermitaño en el camino de la santidad, como Sancho Panza, más tarde, ayudaría a Don Quijote en el de la genuina Caballería.
Pero todo esto es ponerse a hacer prólogos, que deben evitarse en los cuentos para niños, e incluso las propias tentaciones del santo las tendremos que simplificar porque eran algo complicadas, consecuencia de comer poco y el aire misterioso del desierto. Vamos a ver qué hacía el cerdo. Avisaba cuando se acercaba gente, porque era una zona a veces con bandidos. El cerdo conocía cuales eran los discípulos del santo y cuales no. Ayudaba a encontrar hierbas curativas, y, sobre todo, comida. Mendigaba, también, para el santo, porque cuando la gente veía al cerdo, le daba pena y daban algo de comer a los dos. Pero sobre todo el cerdo lo despertaba todas las mañanas, cuando el santo estaba soñando sus tentaciones, y con sus pequeños gruñidos le devolvía el sentido de la realidad.
Una rara lluvia del desierto, que a veces tiene lugar, caía sobre la cueva del santo, y éste se había quedado dormido. Hacía poco tiempo que había decidido ser santo, así que todavía no había tenido ninguna tentación. Como veréis se trata de simples pesadillas como las que tenemos todos a veces, pero San Antonio consideraba que tenía que luchar con ellas, o, en todo caso, aprender algo especial de ellas. Su fiel cerdo ya estaba con él. Los pintores de la Edad Media lo representan con unos pelillos tiesos, un poco parecidos a los de los cepillos de dientes, pero algo más cortos, y con una campanita colgando de la oreja, para avisar por dónde iba.
Esa primera noche, u hora de la siesta, el santo se imaginó que ya se había muerto. Estaba enterrado, según la vieja usanza, en una tumba. Los demás muertos lo recibían con una fiesta. "Fíjate", le decía uno, "ya estás muerto y no te ha dado tiempo a ser santo y todo eso que tú querías". Se despertó de muy mal humor, muy temprano, y se puso a hacer ruido en la cueva cambiando los libros de sitio y arrastrando la silla donde pensaba escribir sus milagros, tentaciones, o lo que fuese surgiendo. "¿Qué pasa?" indicaba con gestos el joven cerdo. "Pues que he soñado que estaba ya muerto". "En cierto modo", decía el cerdo moviendo la cabeza, "así ya ha pasado lo peor. En vez de enfadarte, y ya que sigues vivo, aprovecha un poco la mañana y ordena. O ponte a leer la Biblia o alguno de esos libros buenos que te has traído al desierto, y sigue aprendiendo."
San Antonio, como ocurría en su época, y todavía hoy día entre los más fanáticos, no solamente creía en Dios, sino en la existencia de los demonios. Así es natural que al miedo normal de ser atacado por bandidos se añadiese el miedo supersticioso. "Es un fanático", pensaba el cerdo de San Antonio. Pero se quedaba con él porque dos se defienden mejor que uno. Un día un lobo de verdad se acercó a la cueva. Había que tener cuidado y no salir. Así que San Antonio abrió su libro y apuntó: Segunda tentación (después del sueño de la tumba). "Aparición del diablo en forma de lobo muy, muy feroz, con dientes que arrastran hasta el suelo, y orejas de punta que llegan hasta el cielo." Luego pensó que si las orejas llegaban de verdad hasta el Cielo, escucharían los consejos de Dios, y el lobo entonces no sería el diablo. Así que lo cambió, el final, y puso, "y con orejas gachas y el rabo entre las piernas (que quiere decir asustado de todo y muy dócil)."
Cuando llegó el verano, y se les agostó el huertecillo, el cerdo y San Antonio se acercaron a una selva a buscar algún tipo de fruto o tubérculo para comer. "¿Por qué se me aparecen los dioses de la memoria, y no Jesucristo, que debiera ser el verdadero?" exclamó San Antonio poniéndose de rodillas. El cerdo, que buscaba turbérculos, dejando buscar la fruta a San Antonio, por ser más alto, se acercó a escucharlo y preguntarle otra vez: "¿Qué pasa?"
"MIra". San Antonio señalaba, como cuentan las crónicas de San Atanasio, la copa de un árbol, con un largo leopardo acomodado a una cómoda rama.
"Vámonos de aquí", le daba a entender el cerdo con empujones para levantarlo.
"¿No te parece un excelente animal de compañía?" preguntaba a su cerdo, acerca del majestuoso leopardo, el santo. "¿Te parezco poco majestuoso yo?" dijo el cerdo, "no tengo manchas por todos lados, como él. Y además... además ese leopardo es... es otro demonio, muy maloliente y muy carnívoro, seguro." Lo dijo para ver si colaba, ya que la otra vez San Antonio había tomado por demonio al lobo.
"Ah, sí, querido cerdo, gracias por ayudarme a resistir a la tentación, vámonos..."
Menos mal que les dio tiempo a recoger una piña llena de piñones, y unas uvas tempraneras, que a pesar de que la Canícula no hacía sino empezar, ya estaban maduras. Pudo ser de milagro.

Cuando llegó el invierno, bajó del norte un artista egipcio que tenía como animal de compañía una osa casi salvaje, pero que él estaba domesticando. El santo se volvió a poner de rodillas. Muchos pensamientos le hacían sentir que estaba en un sueño. El artista egipcio adivinó que el santo era supersticioso y le ofreció un secreto de la osa a cambio de un poco de dinero. San Antonio dio unas monedillas. La osa le explicó que ella era la Osa Menor, o sea, la estrella que señala el Norte y alrededor de la que gira el eje de la Tierra. Que había venido a verlo para que él la bautizase y que así toda la Tierra fuese cristiana.
De pura emoción, San Antonio se desmayó. Más tarde, el buen cochino lo despertaba a lametazos. "Esa osa era probablemente el demonio de otra pesadilla", decía San Antonio despertándose. El cerdo no dijo nada. Era otro animal de compañía, como él, y se habían hecho amigos en poco tiempo. La osa le escribía desde el circo, unas veces en las tierras del Danubio, otras en la India, o aún en Roma.
Los discípulos de San Antonio eran ya algo numerosos, venían a escuchar el relato de sus tentaciones. La famosa tentación de la tumba, la del lobo, la del leopardo, que es el animal de Dioniso o Baco, y ahora lo de la Osa Menor.
Ese deseo de escuchar más tentaciones hizo que algunos discípulos, por prisa, ayudaran a producirlas. Como cuando metieron una serpiente en el dormitorio de San Antonio. Pero antes tuvo lugar la maravillosa y terrible aparición de un león, en nada prevista.
Es cierto que en la Tebaida, cerca de las fuentes del río Nilo, hay realmente leones. Pero este león no era en nada un león común. Un sonido como de trescientas guitarras lo acompañaba a cada gruñido. Los discípulos y el cerdo estaban como dormidos, porque el león se aproximaba muy despacio, con paso gimnástico y felino.
"¿Sabes que te puedo comer?" dijo el león. "No tengo miedo. Tú no eres un león como los otros", respondió San Antonio. "¿Sabes que soy el Rey de la Naturaleza?"
"Lo sé", respondió el santo mientras todos dormían, "pero yo no te estoy esperando a ti, sino al Rey del Cielo, que es Jesucristo. ¿Eres tú, acaso?" "No, no lo soy", dijo el león, ardiendo como una hoguera, y desapareciendo.
Estaba muy contento San Antonio de cómo había tenido lugar la tentación del león, y se puso a ordenar la cueva alegremente y luego se tumbó un rato a saborear su felicidad y pensar cómo iba a contarlo todo.
El cerdo veía a los discípulos más revoltosos muy atareados en el ventanuco de la cueva, pero no sabía qué estaban haciendo. Estaban metiendo la serpiente. Tenían preparado un texto para leer por una trompetilla, como si fuese la serpiente. "Soy la serpiente o Dragón que está por encima de la Osa Menor en el Cielo. Al lado de la estrella del Norte está el punto alrededor del que gira, no ya la Tierra, sino el Cosmos entero, el eje del mundo." El viejo ermitaño vio la serpiente, tuvo un escalofrío. Le hizo sitio en el camastro y se quedó quieto, meditando. Desde fuera de la cueva los discípulos escuchaban atentamente, a ver si decía alguna tontería.
Entonces, otra vez, y es bastante raro, estalló una tormenta con truenos, rayos de fuego, diluvio de mucha agua, una verdadera inundación. Se fueron todos en un barquichuelo, muy asustados. El cerdo entró en la cueva y vio a San Antonio con la serpiente, en medio de las aguas. La serpiente cogió al cerdo y al santo y los llevó por el oleaje sobre su lomo hasta un lugar seco.
"Cuando el discípulo está listo, el maestro llega", dice un verso del yoga, que San Antonio conocía, "¿ves, querido cerdo? Esos discípulos me han regalado, con sus bromas de ignorantes, y de irresponsables, la preciosa y salvadora serpiente de la Sabiduría. No tiene veneno, toda ella es larga y sinuosa como el camino del solitario, y en medio de las aguas está seca, o como la serpiente de Moisés, en medio del seco desierto hace correr el torrente de una fuente."

"¡Cómo se complace mi amo en sus visiones, y qué orgulloso está!", pensaba con una cierta melancolía nuestro querido cerdo. Iba con la cabeza gacha, olisqueando el suelo, y un escorpión del desierto le dio un picotazo con el aguijón de la cola y dos pellizcos con las pinzas. Ante tanto dolor que sentía, el cerdo se preguntaba de dónde podía salir tanta maldad, con sólo levantar una piedra.
Gritaba y tenía el morro hinchado por el veneno. San Antonio lo cuidó. Al fin y al cabo era su único amigo, así que le estuvo restregando hierbas curativas por los hocicos, para hacerle escupir el veneno. El cerdo lloraba y no quería que lo dejasen solo, necesitaba que su amo le hablase todo el rato. Así que San Antonio le estuvo contando la fundación de Roma, desde el origen de la dinastía de reyes romanos en la antiquísima ciudad de Troya, de la que habla Homero largamente en la Ilíada. Esa es una vieja leyenda que no toma en cuenta la existencia de los etruscos, que son los verdaderos antepasados de los romanos. Pero Virgilio, otro poeta, dice que un abuelo de Rómulo y Remo, los gemelos fundadores de Roma, era "el pío Eneas", y que venía de Troya. "¿Y qué tiene esto que ver con el escorpión?", parecía decir en sus lloros el cerdo.
"Ese escorpión se me hace a mí que a su manera es una suerte de demonio que habría venido a tentarte, o sea, picarte, a ti, como representante mío entre los seres pequeños. Y ten por seguro que es una alta representación de la maldad del mundo, y de su misterioso poder. Por eso te duele tanto. ¿Sabes que la ciudad de Roma, que domina tiránicamente todo el mundo, por las armas, y por otros medios más disimulados, como el espectáculo y la religión, ha escogido para fundar su poder, entre todos los signos del zodiaco, el signo del Escorpión? No te extrañe que los emperadores y los pontífices (o sea el Papa de Roma) sean en cierto sentido venenosos y lleguen a afectar, incluso en la soledad y el recogimiento del desierto, el hocico de un pobre cerdito inocente que no estaba pensando en nada, como tú, y que ahora se extraña grandemente de lo que encontró debajo de la piedra. Pero, ea, fíjate cómo ha bajado la inflamación con las hierbas y con la conversación."
"Es verdad, me siento mejor. Pero apunta bien en tus tentaciones este episodio, porque ha sido el peor de todos."

Estaban en lo alto de una montaña del desierto, donde los había llevado la mágica serpiente, y esperaban debajo de una acacia, que es un árbol de clima cálido, que hiciese menos calor para bajar a buscar el camino de la cueva. San Antonio canturreaba o rezaba mantras o poesías. La emoción de la montaña le hacía volar con el corazón. "Verdaderamente se nota que, ahora, está volando por medio del cielo, en su corazón, mi querido San Antonio, con esa mirada vagabunda mirando todo el horizonte", se decía el cerdo, que no podía desviar la vista de la cara ya un poco vieja del santo.
Efectivamente era una tentación o un apocalipsis lo que le pasaba por el corazón. Estaba en medio del aire, sostenido sobre las alturas por la fuerza del corazón. Entonces tomaba conciencia de que el aire, intermediario entre Dios y los hombres, estaba poblado como de genios al principio invisibles, y luego poco a poco reconocibles por su aspecto. Unos eran soldados del amor, otros lo eran del odio y el rencor eterno. Se estaba preparando una batalla y San Antonio, en medio del aire, era testigo de todo. Se le representa con unos demonios con cara de culo y brazos de saltamontes que le están tirando de la bata. Esta tentación y la de las mujeres son las más conocidas de San Antonio y se ven muchas variaciones según cada pintor. Los hay que aprobechan para dibujar en una especie de gran batalla todas las enfermedades conocidas, como si pudiese servir el cuadro así como una especie de mapa medicinal.
No sabemos decir si estaba todavía en el aire, porque todo pasaba debajo de la acacia, cuando tuvo la siguiente tentación, la del disco de plata y la masa de oro. Se puede resumir diciendo que estaba cansado de no tener nunca dinero, de vivir con lo puesto, y el pobre, en su imaginación, en vez de soñar con muchas monedas, soñaba con una sola, pero enorme. También era una representación de un espejo, porque la plata cuando está muy pulida refleja nuestra imagen. Y él estaba triste porque se veía vestido con el batín de ermitaño de toda la vida, mal peinado, con ojeras, y acompañado de un cerdito profundamente dormido en su siesta. Fue ver al cerdito lo que le enterneció el corazón y le hizo pensar en otra cosa. La masa de oro, más que deseo, le daba la sensación de que lo iba a aplastar, porque la perfección es inaguantable.
Así pues, ¿estaba en los aires, o sólo sentado debajo de la acacia? Porque la siguiente visión fue el mundo, y no es lo mismo verlo desde arriba que desde dentro. En todo caso, se lo figuraba como un pescador que lanza una red que enreda todo y que recoge para su barca todo lo que existe, sin que nada, o casi nada, se escape. Pero a la vez la red era de agua o de aire húmedo, y se lanzaba y se recogía una vez y otra vez, como una respiración presente en toda la realidad. El cerdo se estaba despertando y con gestos de insistencia le dijo: "Vamos a la cueva".
La diferencia entre San Antonio y Don Quijote, aunque los dos eran hombres sensibles a la belleza de las mujeres, es que Don Quijote había escogido como dama de sus pensamientos a Dulcinea. San Antonio no sabemos si le rezaba a la Virgen María, porque, a pesar de que ahora todos los católicos rezan el Ave María, en el siglo tercero o cuarto todavía predominaba la opinión de San Pablo, que le tenía algo de ojeriza, por ser mujer, y que en la epístola a los cristianos de Efeso, que es donde estaba exiliada María, me parece que muchas de las cosas desagradables que dice de las mujeres (sobre que tienen que estar tapadas y no maquillarse ni nada) son indirectas a María, que debía tener el carácter de una gran dama. Pero San Antonio, al contrario que San Pablo, seguramente quería mucho a todas las mujeres, además de a la madre de Cristo, porque si no no hubiese tenido la famosísima tentación de la mujer.
Vamos a ver, el cochinillo movía la cola de lo contento que estaba de ver a una chica guapa. Pero el asunto se convirtió en tentación por culpa de los discípulos, que habían vuelto, y que se inventaron un dispositivo para multiplicar la belleza y crear en nuestro querido San Antonio la alucinación de un ejército infinito de mujeres. Cuando esta mujer, interesada en conocer la vida de San Antonio, ya que estaba de paso por la Tebaida y ella también se interesaba en la mística, se acercaba a la cueva, los discípulos colocaron unos armarios con espejos a todo lo largo del camino. Eso multiplicaba la imagen de forma insoportable para el pobre viejo, que no estaba acostumbrado a ver tanto a la vez. Así que estuvo muy seco, muy tímido, y apuntó en su libro que ese día lo había pasado fatal. Hay hasta versiones budistas y chinas, que cuentan que para complacer al viejo santo la mujer se convirtió también en viejecita, y que a pesar de todo él seguía prefiriendo la soledad.
Luego San Atanasio cuenta otras tentaciones. No te preocupes, lector, no voy a dejar escapar ninguna que sea principal. Solamente decir que puede ser que la historia sea puramente fantástica, o que esconda algún secreto, ya que San Atanasio fue uno de los discípulos, el último, de San Antonio. Habla, parece ser, de un fauno, visión contraria a toda lógica, ya que es un hombre con patas de cabra. A lo mejor la imaginación de San Antonio era más viva que la nuestra. Seguidamente está el centauro, más conocido, pero que no tiene nada que ver con el cristianismo, y que San Antonio había podido ver en los frontones de los templos griegos. También es contrario a la lógica, porque es mitad caballo, mitad hombre. Puede ser que debamos en el futuro mezclarnos con los que son diferentes, y que nuestra lógica sea demasiado pequeña para un viejo como San Antonio. Se habla, también, de un muchacho negro. Mi opinión es que, muy probablemente, San Antonio lo adoptó, y que él heredó la cueva con los libros y el viejo cerdo, y fue organizando todo para hacer un museo o una ermita. Incluso sospecho que el muchacho negro es el propio San Atanasio, biógrafo de San Antonio, y último discípulo suyo.
La última tentación de San Antonio fue tener una estatua. Pero era contrario a los monumentos, le gustaban más las cosas sencillas. Y no obstante, de vez en cuando imaginaba estatuas, pensaba en las cosas, los dioses antiguos, el Dios nuevo, o él mismo en tanto santo, como si fueran estatuas que miramos y admiramos, y que en el fondo no significan nada, porque son de mármol o de bronce hueco. Hasta un troncho de sandía o una palabra se pueden considerar estatua, en la última filosofía mística que tuvo San Antonio. Estaba cansado, quizás, de escribir, de leer la Biblia y estudiar. El cerdito y su hijo adoptivo lo cuidaron mientras se moría, y le prometieron que sería famoso. Aunque más que estatuas, lo que sí existen son muchas pinturas góticas (y de Salvador Dalí alguna también) con San Antonio, como he dicho. La historia tal y como la he contado, con su cerdito, recuerda un poco el Quijote de Cervantes, que es una especie de segunda Biblia entre los españoles y que leemos varias veces todos en la vida. Pero como historia del Santo Antonio no creo que sea del gusto de los obispos españoles y del papa de Roma, ávidos, como el escorpión, de poder, que, como lo era al principio de su vida el santo, son bastante fanáticos, y les falta la imaginación y la fantasía del santo para dejar de serlo. La vida de San Antonio demuestra que ha habido a lo largo de la historia cristianos de otro tipo que el tipo que ellos nos quieren obligar a ser.






Paisaje de batalla










El caballero estaba vestido de moro. No recordaba ni su nombre, ni su lengua, ni por qué estaba herido en ese dantesco campo de batalla. Le sonaban de algo las caras de los heridos y moribundos. Unos enemigos, otros compañeros de estandarte. Los cuervos habían venido muy de mañana, con las cornejas y algún buitre. Se cebaban en los caballos y caballeros caídos, o molestaban a los heridos. Ya sonaban a conocidos los augurios antes misteriosos de su canto desarmónico. Eran la risa metálica y obtusa de la diosa de la Guerra, la que lleva el fuego en el famoso cuadro de Rousseau.
Su herida principal era una suma de pequeñas heridas, se había debido romper varios huesos y le dolía cada intento de levantarse.
Había que escapar del campo de batalla, antes de que unos y otros soldados viniesen a darse al pillaje con los heridos, rematándolos y robándoles todo.
Una sucesión de montañas blancas y azules, y al pie de las montañas, bosques de chaparros oscuros con un polvillo plateado primero, en la mañana, dorado a mediodía. Una mujer muy elegante, como una dama noble de algún palacio moro, se paseaba entre los moribundos, mirando de vez en cuando sus caras y sus escudos. Cuando llegó delante del caballero exclamó de alegría, y se acercó a él, quitándose de la cara el velo para que pudiese reconocerla.
Tuvo la sensación de ver una muñeca de barro cocido, adornada con pendientes y pintada de colores. Una muñeca bonita y de voz musical que los soldados le podrían quitar. Ella lo llevó a la ciudad y lo acostó en un palacio. Le presentó al niño y a la niña que habían tenido juntos, antes de la guerra. Cuando con cascarillas de pistacho adivinaban cómo iba a nacer. Le trajo un instrumento musical, libros de filosofía griega traducidos por Avicena, el Corán, muchas poesías en hojas sueltas, y papel en blanco y pluma para que él mismo escribiese. Puso unos cojines bajo sus codos y una pluma de avestruz en su mejilla. Encendió para él un candil y una refinada pipa. Dispersó un poco de agua en el quicio de la ventana para espantar el sol. Y el recuerdo de la extraña batalla estaba como grabado en las estrellas del profundo cielo.
El caballero escribió: "Así se suceden los siglos del mundo".




El lenguaje de las princesas














El oro es plomo, la flor está en el viento, y comienza el cuento. El príncipe exagerado y el príncipe discreto se retaron a duelo, pero sus padres, reyes cada uno de importantes continentes, casi imperios, los metieron a los dos en prisión para evitar la guerra. En la INDIA que es el lugar del que venía el príncipe discreto, había una princesa que no se le parecía para nada en el carácter, ya explicaremos por qué.
El otro lugar o imperio era NORUEGA, o sea, toda la zona vikinga. Muy distinta en el clima y en el carácter de sus príncipes.
Evitar la guerra era una razón suficiente para esas dos decisiones reales, pero los temperamentos o maneras de ser de los reyes, y los tipos de prisiones o calabozos en cada uno de los dos sitios, eran del mismo tipo que las maneras diferentes de cada uno de los dos príncipes.
El príncipe discreto tenía un padre tranquilo y amable (lástima el carácter de la princesa, del que ya hablaremos). Así que la prisión era un sitio en un bosquecillo, con permiso para dar paseos en las inmediaciones, una fuente de agua pura, y un régimen de comidas sin lujos pero equilibrado. El encargado de barrer el cuarto era el propio príncipe, que, como era discreto, lo hacía con su escoba sin poner problema desde que se despertaba temprano en la mañana.
Por un amigo griego el príncipe discreto tenía algunos libros europeos entre sus muchos libros de estudiar. En qué sentido interpretar a Platón, se preguntaba, cuando dice en La República, uno de sus libros, que hay que casar a los discretos, o listos, con las listas, o discretas, y a los tontos o exagerados con las exageradas o tontas. En qué sentido, sobre todo en este mundo en que los unos se enamoran de las otras y las otras de los unos sin tener en cuenta la conveniencia. Platón dice que lo tiene que decidir todo un consejo de sabios. Pero en qué sentido puede servir ese consejo en una época en la que el amor circula entre un imperio y otro, sin fronteras, dando lugar a amores, a enemistad entre los príncipes y todo termina en duelos y en prisión, más o menos dura.

Estaba absorvido en la lectura de sus libros, porque ya había terminado de barrer, cuando pudo ver escapar por un resquicio de la puerta entreabierta la cola de una serpiente que salía de donde él estaba. Provablemente la había tenido al lado todo el rato y ni se había dado cuenta. Oyó el silbido en principio inconfundible de la cobra real, pero entremezclado con ese ruido también le pareció oir las palabras "pobre idiota".
Inquieto toda la noche, no pudo dormir. Antes del alba, todavía oscuro, un pájaro se puso a cantar en el tejado. Nuevamente, el príncipe discreto, instruído en el lenguaje de los animales por sus lecturas de magia salomónica y shivaíta, pudo discernir dos palabras: "debes escapar".
Qué espíritus le transmitían tal tipo de mensaje. Evidentemente la serpiente no era muy simpática, porque lo había insultado. Y ahora el pájaro le daba un consejo imprudente. La opinión de su padre el rey había sido evitar el duelo, y debía ser respetada. En su sencilla prisión del bosquecillo él iba avanzando sus estudios, así que no veía motivo para escapar. Pero sabía que la cobra y el pájaro, si habían hecho la proeza de hablarle, quizá le estaban avisando de que algo pasaba.
Antes del alba él no tenía permiso para salir de su celda, pero entreabrió la puerta y salió al claro del bosque. Con la primera aurora se veían los perfiles de las montañas y de las altas ramas. Frente a él estaba el príncipe vikingo, visiblemente agotado del largo viaje que había hecho solo a pie hasta el corazón de la India, al pie del Himalaya, en las orillas del Ganges. Un hacha bifaz colgaba de su mano derecha, pero él parecía no tener ya fuerzas para sostenerla y la dejó caer al suelo.
Desde lejos se ve que eres tú el príncipe exagerado, para haberte escapado y haber venido armado hasta un continente lejano, le dijo con discreción el príncipe de la India.
Quiero que retires lo que has dicho sobre mi novia la princesa de Noruega.
¿Qué es lo que he dicho? Yo no he hablado nunca de ella.
No disimules, todo eso de que érais novios a escondidas y de que era una pájara.
El príncipe discreto dijo entonces, pongamos las cosas en su sitio, y digamos las verdades. Ni tú ni yo como príncipes estamos autorizados a ver a las princesas hasta su edad núbil, así que no las conocemos en el fondo y todo eso que tu cuentas no tiene sentido de ser.
Estaban tan enfadados que empezaron a pelearse a empujones y a ponerse zancadillas. El príncipe discreto no quería sacar provecho de su buena salud y le daba un poco de ventaja al vikingo, que llegaba extenuado, pero se cansó de la pelea y para concluir lo tiró al suelo de un simple empujón.
Entonces dos animales vinieron a traer una esponja con agua y una crema curativa al príncipe exagerado. Eran el pájaro y la cobra real. El pájaro le dijo al príncipe exagerado: "Te quiero y siempre te he querido. Yo soy la princesa de Noruega y soy discreta". La serpiente le dijo: "Yo soy la princesa de la India y tengo el defecto de exagerar un poco. Pero te aseguro que las exageraciones que te conté sobre mi príncipe las hice en nombre de la magia, que rige a las serpientes, y que vuelve discretos a los exagerados a través del largo viaje que acabas de hacer y de conocer a mi novio, que seguro que te puede dar buen ejemplo y hacer leer un poco más. Levántate y respira. Te lo ordena una Cobra Real y no puedes desobedecer."
El resto de la historia no sabemos si se desarrolló según el punto de vista de Platón en la República, o justamente al revés, pero en todo caso los cuatro, príncipes y princesas, fueron muy felices y buenos gobernantes, según la cultura de cada uno.





La nube mensajera
o Las etiópicas.










La princesa Olaya, cuyo castillo estaba sitiado por los búfalos del conde de la Sierra Quemada, envió, para salvarlo, a su hijo pequeño montado en una nube mensajera hasta donde ella pensaba que estaba el príncipe Terbadadad, su padre. La nube era de colores cambiantes, según los cielos que cruzaba, las montañas en las que se enredaba, las partes que se deshacían, y las ganas o no que sentía a veces de transformarse en lluvia. Pero en general cuidaba muy bien del pequeño principito, alimentándolo de una leche mágica, agua de rocío, y gotas dulces que venían del sol.
Como el niño estaba en la cima de la nube, no veía el mundo discurrir allá abajo, y la nube, con palabras similares al agua que corre, le contaba de los países y los paisajes, de los juegos de sombras sobre la superficie de rocas y de las cosas que a ella misma le gustaba mirar, esencialmente la flora local de cada región. Dónde las plantas eran chaparras y aromáticas, apegadas a la montaña, amarillentas, y dónde habían hecho los hombres vergeles ordenados en hileras y cuadrados. Un día llegaron a la tierra del viejo rey, que acababa de morir, y la nube, celosa nodriza del niño, buscaba con su larga y nebulosa visión por todos lados al príncipe, padre del niño. Pero observando hogueras en medio de las plazas, escenas de pillaje, los campos arrasados, los animales sueltos, y carretas de la muerte llendo y viniendo, empezó a percibir que una peste o guerra sacudía la región. Además el príncipe, que no sabía nada del castillo sitiado por los búfalos, en su tierra natal, parecía haberse escondido o haberse ido sin esperar a la nube.
- Terbadadad, Terbadadad, decían las gotas de agua de una pequeña lluvia o sirimiri, mientras el niño lloraba y llamaba también a su padre.

De una taberna que quedaba en el castillo en ruinas, donde los bandoleros bebían licores y se disputaban todo lo que habían estado robando en los pueblos, salió un personaje gordito con un bigotillo tieso y con un sombrero verde con pluma de cuervo. Era el escudero del príncipe Terbadadad, y se quedó un poco absorto en las evoluciones de la nube, como si le trajese recuerdos y un vago remordimiento.
- Oh, nube, le dijo, si tu pudieras transmitir mis penas a mi familia que se encuentra en el castillo de la princesa Olaya...
La nube adoptó un color anaranjado que anunciaba el crepúsculo y en voz baja le dijo al escudero: Habla rápido, tengo prisa, busco al príncipe.
- Oh, nube, dijo el escudero, si tu pudieras pedir perdón de mi parte a la princesa Olaya...
- ¿Acaso has renegado de ella en esa guarida de bandidos en la que te encuentro?
- Nunca renegaría de ella, pero he tenido miedo, y he sido cobarde dejando que el príncipe saliese solo en una larga travesía al sur, a la tierra de los pigmeos y las cigüeñas, disfrazado. Correrá mil peligros, y nunca sabré si en el camino no se habrá encontrado con alguna mala muerte.
Un poco enfadada, y oculta en el cielo oscuro de la noche, dormido el niño en su lomo, la nube hizo caer un breve chaparrón sobre el escudero, que rezaba de rodillas. Los vapores del vino, con el agua fría, se le quitaron, y decidió salir a buscar al príncipe, pero primero entró a buscar a su burro, que estaba comiendo paja en el cementerio, mal cuidado últimamente.
La nube se movía a ciegas por el cielo, buscando el sur según las estrellas, y sólo cuando había atravesado ya el mar se acordó de que no sabía de qué se había disfrazado el príncipe.
Llegados a unas arenas muy calientes, la nube le dijo al niño que se sentía morir. El sol despiadado la estaba haciendo desaparecer. "He contravenido todas las leyes de los vientos para buscar a tu padre. Han transcurrido catorce años. Tú eres ya casi un muchacho y yo voy a desaparecer en el aire. Lo único que puedo hacer es dejarte en lo alto de alguna de estas montañas del desierto, y darte aguja e hilo para que con tus antiguas ropas de bebé te cosas unos pequeños calzones y un turbante que te proteja del sol. Acuérdate siempre de mí y de todo lo que te he querido, quizás..." Y diciendo estas últimas palabras depositaba al niño sobre una alta montaña y desaparecía completamente.

El niño estaba solo en medio de una alta cordillera, bajo un sol de justicia, y veía a un lado el mar y al otro el desierto. Pensó que lo más prudente era buscar alguna parte donde diese un poco la sombra, y después de escalar un poco montaña abajo encontró una cueva. Un olor desagradable salía del fondo de la cueva, y algo se movía perezosamente en la oscuridad, emitiendo un sonoro ronquido, así que el niño se quedó en cuclillas, descansando un poco, en la entrada, entre sol y sombra. Cuando se hizo de noche se había dormido, y lo despertó un fuerte rugido. Del fondo de la cueva salía un león, dispuesto a empezar a cazar. Cuando vio al niño se preparó a saltar sobre él, relamiéndose de hambre. Era un león oscuro de la montaña del Rif. Una flecha le atravesó el corazón y lo mató cuando estaba saltando. El niño se acercó a clavarle la aguja de coser para ver si estaba muerto del todo y pudo ver que el tiro había sido certero. Así que cuando vio que alguien se acercaba con un arco se preparó a darle las gracias por haberle salvado, en alguno de los idiomas que había ido aprendiendo.
- No me gusta matar leones. Son animales nobles, emblema de la realeza, y merecen un respeto.
El arquero resultó ser un viejo cascarrabias, con unas gafas de sabio, un sombrero medio de bufón medio de mago, un saco lleno de libros, y un instrumento musical hecho de piel de gato.
- Veo que estás perdido, no obstante, así que te acepto como discípulo. Puedes venir conmigo. ¿Cómo te llamas y de dónde eres?
El niño dijo que había pasado toda su vida en una nube y que no se acordaba de su nombre ni de su origen. Pero que había aprendido mucha geografía y la ciencia de la agricultura, porque eran los temas favoritos de la nube.
- Geografía... Agricultura... Eso está bien, muchacho, sobre todo la Geografía, porque estoy viajando al Sur y no conozco bien estos parajes. Me puedes ser muy útil, dijo el viejo. El niño sintió un raro aburrimiento, y se le escapó un suspiro por la nube que había sido su nodriza hasta la pubertad. Tenía ganas de aprender a tirar al arco, pero el viejo no quería ni que lo tocase.
Se unieron a una caravana de nómadas, que apreciaban mucho a los sabios, y así atravesaron el desierto. El niño reconoció el río Niger enseguida, y quiso buscar amigos por los poblados, pero el viejo insistió en que debían buscar una selva y llegar al ecuador, porque buscaba en lo profundo de la selva unas personas especiales.
Cuando llegaron a lo más secreto de la selva se encontraron con los pigmeos y el niño estaba muy perplejo porque la vegetación era abundantísima sin necesidad de agricultura, por la propia sabiduría de la selva. El viejo le hizo notar que a pesar de que su tecnología era mínima, propia de un pueblo muy antiguo, los pigmeos tenían una alimentación muy sana y les gustaba recoger la miel, sobre la que conocían muchas canciones y bailes. Asimismo las mujeres pigmeas practicaban la pintura, siendo apreciadas como artistas por sus novios, y existiendo tendencias muy avanzadas en su forma de pintar, a base de signos y de formas geométricas jugando al azar. Fueron bien tratados y cuando el viejo se reunió con los sabios y las sabias, alguien le dijo: Toma esta hoja de árbol, pero no te la quedes sólo tú, dásela al niño que viene contigo, porque es para los dos. Cuando el niño cogió la hoja, su mejor amigo pigmeo le dijo, "mira lo que hay en la punta". Había una gota de agua.
- Se me olvidó decirte tu nombre, Terbadín, dijo la gota, que sabía hablar. Ese es tu nombre, querido niño, y eres hijo del príncipe Terbadadad y de la princesa Olaya. Yo soy todo lo que queda de la vieja nube que te crió. Guárdame en una calabaza para que no me seque, y te seguiré contando y ayudando en lo que sepa.

Cuando el viejo oyó lo que la gota le decía al niño, es decir, a Terbadín, se puso a dar saltos quitándose el gorro, las gafas, y casi todos los bártulos que llevaba encima, y se vió que era más joven de lo que parecía, y que su ropa por debajo, aunque un poco empapada por el sudor del viaje, era muy lujosa. Metió con cuidado la gota en una calabaza de la selva, seca y hueca por dentro, y la tapó, y se puso a dar besos y abrazos a Terbadín diciéndole: Hijo mío, por fin sé que eres tú. Y todo esto porque el aparente viejo no era sino el disfrazado príncipe Terbadadad. Cuando hubieron celebrado con bailes y concierto el encuentro fueron de nuevo a donde estaba la calabaza, dieron unos golpecitos para despertar a la gota, y la apremiaron a que les hablara de la princesa Olaya, que ninguno de los dos veía desde hacía catorce años.

- Ay, si yo no fuese ya de la propia estatura de una simple lágrima, lloraría, dijo la gota desde el fondo de la calabaza.

Se oía un ruidito de sollozos y la gotita correr de un lado a otro dentro de la calabaza, como un leve chapoteo.
- Papá, le dijo Terbadín a Terbadadad, ¿por qué hacer este largo viaje al sur mientras aparentemente mamá está corriendo algún grave peligro?
- Porque mi padre, el viejo rey, que murió, me dijo al oído que era aquí donde encontraría la solución a la peste y a la guerra. ¿Se estaría refiriendo a la forma de vivir en la Naturaleza, o habría un mensaje más particular dirigido a nosotros? No lo sé, y por eso estamos aquí.
La gota se puso a hablar y afirmó que no había solución concreta a la peste y la guerra, sino el paso del tiempo y la bondad. Y que algo de eso se había hecho. Pero que en todo caso el castillo de la princesa Olaya hacía años que había sido definitivamente tomado por los búfalos del conde, y que, cosa extraña, nadie encontraba a la princesa. Se puso a llorar muy fuerte dentro de la calabaza y esta vez si que se oía ruido de agua, o de lágrimas numerosas. Entonces contó que ella no había visto nada, pero que se rumoreaba que para escapar de los búfalos se había tirado a un pozo.
- No estaba en el pozo, dijo una voz cavernosa, y mi pena de amor no tiene límites.
¿Quién era ese personaje vestido de nómada y armado de una lanza que desde el escondido camino se acercaba dándose golpes con los puños en el pecho? Era el conde de la Sierra Quemada. El príncipe buscó un arma para matarlo, pero en el poblado estaban prohibidas las armas, y se dispuso a luchar a puñetazos. El conde explicó que entró con sus búfalos en el castillo porque un hechizo lo había hecho querer tener por novia a la princesa, a pesar de que ella amaba al príncipe. Y que comprendió la locura de su guerra cuando la princesa bajó al pozo y se transformó primero en agua, y luego se fue filtrando hasta el fondo de la tierra diciéndole que sólo lo perdonaría si viajaba muy lejos y se rendía a los pies del príncipe y del principito. El conde explicó entonces que antes de partir hacia el sur había ordenado a los búfalos arreglarlo todo, tanto en el castillo como en las tierras del rey, y que el pueblo esperaba al nuevo rey Terbadadad y a la reina Olaya.
- Pero ¿dónde está la reina mi madre? lloró el pequeño príncipe.
- Estoy aquí contigo, como lo he estado desde que eras más pequeño, se oyó decir al agua de la calabaza. Ahora lloro como nunca he llorado, pero de felicidad. La levantaron y pesaba como si estuviese rebosante de lágrimas, y los tres personajes se abrazaron a ella.
- Si queréis verme en forma humana haced venir a las artistas pigmeas. Ellas me mezclarán con tierra roja y me darán mi forma original, y que el conde se arranque la barba y con ella me hagan la melena y el agua que quede después en la calabaza guardadla para formar una nube y volveremos en majestad al país reconstruido y feliz, donde los búfalos se han vuelto pacíficos y todos recordaremos este largo viaje al lado de la chimenea y buscaremos una nueva princesita entre las muchachas para Terbadín y seremos felices hasta el final.






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dimanche 13 septembre 2009

plus de miettes

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La matière est transparente, les rayons nominaux la traversent. Mais elle est encore plus transparente grâce à l'intervention de l'homme.

Tout homme peut faire son expérience cavernaire.

Ah, quelle leçon que celle de la matière opaque...

Tout au long de la party, les femmes, sous la direction de l'arbitre de l'élégance, se dénudaient à tour de rôle.

Je suis un freak, je suis une misère arty, je n'ai pas d'amis qui viennent faire la fête. Des jeunes viennent et m'écoutent un peu, comme un santon à qui les paysans rendent visite.

Comme un santon, je bénis les paysans qui vont se marier, ou qui partent vivre en ville.

Je suis bon pour l'heure du café, à Paris ce serait un spectacle de passer une nuit chez moi.

Mes voisins sont mes gardes du corps... et je suis Caligula.

Quand le locataire surveille la portière, les temps sont révolus. Une portière qui se fait désirer peut changer l'Histoire. La déesse de l'Inde est, elle-même, fréquemment représentée au seuil d'une porte, donc en portière.

Les pseudos feront objet d'héritage. Ils seront immortels. Comme la couronne d'or d'un règne, mais démocratisés. L'avatar sera une expression de la divinité incarnée à la portée de la classe moyenne.

L'apprentissage de la cafetière est solitaire, même pour un serveur.

La solitude est une illusion.

Si une musique ravissante chez le voisin s'arrêtait soudainement, ne sifflerait-on un peu ?

Mon premier tableau à l'huile, au lycée, fut une scène de bacchanale. Une femme hystérique, toute mince, et une ogresse semblable à Marguerite Duras, peintes dans des tons rougeâtres. Elles buvaient au premier plan et je dus refaire l'arrière-fond, parce que mes professeurs ne voulaient pas de corps nus dansant.

La contemplation de l'ogresse a été inaugurale de mes élans démocrates.



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lundi 7 septembre 2009

dimanche 6 septembre 2009

Les textes de Marie Lebrun

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Vous êtes en forme, proportionnellement à la situation, Marie. Quelqu’un qui signe koala ne peut produire que des scénarios de télé. L’écriture naïve est un fait nouveau qui ébranle la machine de l’ironie. Cela s’est passé en peinture, même si l’ironie est comme la rouille et revient avec la pluie, pourquoi pas en littérature ? Pourquoi pas tenir à ça ?

Está usted en forma, proporcionalmente a la situación, Marie. Alguien que firma Koala no puede producir sino guiones de televisión. La escritura naif es un hecho nuevo que viene a destruir la máquina de la ironía. Ello ha tenido lugar en pintura, incluso si la ironía es como el óxido y vuelve con la lluvia, ¿por qué no en literatura? ¿Por qué no atenerse a eso?

J'ai du le télécharger jadis, puisque en le lisant, je reconnais le texte. En effet il est quelque part et j'ai du lire une bonne partie mais mon ordinateur est un capharnaum où je n'ose plus me submerger. J'avais apprécié votre style de Post Scriptum aussi sur ce roman. La reconnaissance que je puisse fournir n'est pas la solution à tout, mais bon, si cela aide... Dernièrement je m'intéresse (pour mes textes d'abord, puis ceux des autres) à l'étude de la notion d'innocence; c'est sur ce point de vue que je le trouve particulièrement réussi. Mais je sais qu'il y a d'autres atouts qui devraient être relevés. Votre roman offre une sensation d'abandon de soi, par la réitération de situations fétichisées, qui est rare dans une littérature qui se veut encore plus futée que la télé, soit par la difficultuosité de la langue, soit par l'impertinence. Chez vous il y a quelque chose au fond très visuelle, un agencement du texte en catalogue qui est stimulant. Le manque de professionnalisme qu'on vous reproche est une vertu à cultiver et sur laquelle vous vous devez de réfléchir. À propos du blog, je trouvais que c'était pas une urgence de parler tellement des actualités. Moi j'essaye de m'en servir comme outil d'étude, et de réflexion sur le long terme des classiques et des textes fondamentaux. Le temps qu'on passe à ne pas comprendre un texte est plus précieux que les étincelles de la médiocrité du siècle.
(exit)

He debido telecargarlo antes, ya que leyéndolo, reconozco su texto. En efecto está en algún lado y he debido leer una buena parte, pero mi ordenador es un cafarnaún donde no oso sumergirme. Había apreciado su estilo de Post Scriptum también en esta novela. El reconocimiento que yo pueda brindar no es la solución a todo, pero bueno, si ayuda... Ultimamente me intereso (para mis textos en principio, a continuación para los otros) en el estudio de la noción de inocencia; es bajo este punto de vista bajo el que la encuentro particularmente lograda. Pero sé que hay otros puntos fuertes que deberían ser señalados. Su novela ofrece una sensación de abandono de sí, por la reiteración de situaciones fetichizadas, que es rara en una literatura que se quiere aún más ingeniosa que la tele, sea por la difucultosidad del lenguaje, sea por la impertinencia. En usted hay algo en el fondo muy visual, un agenciamiento del texto en catálogo que es estimulante. La falta de profesionalismo que se le reprocha es una virtud sobre la cual usted tiene que seguir meditando. A propósito del blog, yo encontraba que no sería una urgencia hablar tanto de actualidades. Yo intento usarlo como herramienta de estudio y de reflexión sobre el largo plazo de los clásicos y los textos fundamentales. El tiempo que uno pasa en no comprender un texto es más precioso que las chispas de la mediocridad del siglo.

Quand ses lecteurs trouvent qu'il lui manque ceci ou cela (des ingrédients, du piquant) ou encore qu'il y a "du manque" (dont ils déduisent son "bovarysme"), ils décrètent en quelque sorte la "maladie" du texte de ML. Soit son angoisse. Soit son humour, froid comme chez Kafka, mais froid comme chez lui pour ceux qui passent vite. Devant le détail des conversations, le cynisme implicite du récit, j'ai cru revoir la métamorphose en insecte, le persistant effort des insectes qui nous sidère devant le fourmilier.

Cuando sus lectores encuentran que le falta esto o aquello (ingredientes, picante) o aún que hay "carencia" (de lo que deducen su bovarismo), decretan de alguna manera la "enfermedad" del texto de ML. O sea su angustia. O sea su humor, frío como en Kafka, pero frío como en él para aquellos que pasan rápido. Frente al detalle de las conversaciones, el cinismo implícito del relato, he creído volver a ver la metamorfosis en insecto, el persistente esfuerzo de los insectos que nos sidera cara al hormiguero.

Je pense à un texte d'une objectivité (aussi au plan libidinal, puisqu'il est un catalogue aléatoire et fragmentaire de fétiches et de rituels anodins) presque impossible à atteindre par moi, qui est le long roman de Juan Garcia Ponce "Cronica de la intervencion". Il s'est fait certainement féminin, l'écrivain et traducteur mexicain, pour atteindre l'objectivité. Je viens à ceci puisque je pense que comme dans le texte de ML l'écriture passe par une affirmation de la différence sexuelle et chez Ponce il y a renoncement à la rhétorique propre à toute "voix" masculine, soit publique ("publiable" est un mot qu'inquiète la femme écrivain, comme une marque presque corporelle, ce serait d'être refusée).

Pienso en un texto de una objetividad (también en el plano libidinal, ya que es un catálogo aleatorio y fragmentario de fetiches y de rituales anodinos) casi inalcanzable para mí, que es la larga novela de Juan García Ponce "Crónica de la intervención". Se ha hecho ciertamente femenino, el escritor y traductor mejicano, para alcanzar la objetividad. Vengo a ello porque pienso que como en el texto de ML la escritura pasa por una afirmación de la diferencia sexual y en Ponce hay renuncia a la retórica propia a toda "voz" masculina, o sea pública ("publicable" es una palabra que inquieta a la mujer escritora, como una marca casi corporal, sería ser rechazada).

L'innocence, tout comme l'enfant en tant que "pervers polymorphe", donne sur l'appel à la cruauté, inéluctablement. L'on voit la facilité avec laquelle le langage blesse, par la critique ou l'indiscrétion, et même le langage des objets, tel une robe noire ou un livre sur une étagère est fait de violence envers la part faible qu'on suppose à l'autre, au monde. Parce qu'écrire c'est s'attaquer au monde. C'est une prise à l'assaut. Consciencieuse.

La inocencia, al igual que el niño en tanto "perverso polimorfo", resulta en una llamada a la crueldad, ineluctablemente. Se ve la facilidad con la que el lenguaje hiere, por la crítica o la indiscreción, e incluso el lenguaje de los objetos, como una falda negra o un libro en su estantería están hechos de violencia hacia la parte débil que se le supone al otro, al mundo. Porque escribir es atacar el mundo. Es tomarlo al asalto. Concienzudamente.

samedi 5 septembre 2009

miettes à Eve (3)

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L'écriture de billets. Barcelone. La place qui meurt au crépuscule comme la mort d'une feuille géante de thé. Emergence de l'arrosoir spermatique.

On représente volontiers la psychose par l'image du trou, de la cassure dans une poterie. On aurait du mal a l'exprimer par le chant. Au plan du son, elle reste tabou.

Que dire le jour où l'on verra la folie en source de lumière.

Remords d'artiste. Ceux du musicien préférables à ceux du peintre. Il y a pas de remords d'artiste.

Dans quelle langue demandait secours le sage tombé dans le puit ?

La migration nous rends problématiques comme le fait l'analyse.

Il est plus facile de s'approprier d'une image que d'une musique, mais ça commence...

Puissance du charme par la voix, relative, l'échelle est parcourue dans tous les sens. Voix d'automne, voix d'hiver et de printemps. Nageant à la rivière, à l'océan. Charrue.

On regrette de se faire aimer si vite, ces derniers temps...

Beauté plotinienne des soldats, concupiscente sans le savoir, difficile à rendre pour le renonçant, facile pour l'adolescent.

Je discrédite mes opinions, je suis délivré de toute erreur par l'erreur de ma vision.

Le lait des femmes poindra sur le tabou de la virginité. Mais il faut abolir l'ancienne indiscrétion.

L'imagination ne fait pas l'artiste.

Blessure à la cheville d'une déesse. Folie temporaire du bonheur, pathétisme du plaisir pour l'envieux involontaire qui veut se cacher. Il peut mordre la statue, attention à lui.

Pour Henri Michaux, des cigarettes.

La richesse évalue les petit sous.

Pour Saturne, le sexe est depuis longtemps ailleurs.

Le clochard exquis est interdit.

Le dentiste mal élevé tire la langue.

Le musée est fait de folie. La jouissance estropiée est la plus belle, rien n'arrête la locomotive.

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jeudi 3 septembre 2009

miettes à Eve (2)

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On entre en moi comme on entre dans une discothèque.

Depuis très petit je suis un ironiste.

Comprendre Mars. À quand les livres extra-terrestres ? Ils pourront avoir une tradition du papier pour rester autochtones, lieu des racines. Je ne comprends pas.

Voyage pathologique et jardin des merveilles.

D'accord, la jalousie est comme une maladie, mais elle est plus grave quand elle s'absente.

Parcourir la folie sans symptômes. Ecouter la folie comme une musique de fond dont on est distrait de temps en temps. Ô, douceur. Les symptômes sont là, sans faire de mal, quand on ne se pose pas de questions d'existence. Pour les anciens, il était normal d'être fou.

Karaoke textuel sur un texte d'Artaud.

Elle me secoue, le vrai féminisme n'a pas de manifestations extérieures, il se caressait la barbe.

La dernière dévotion pour l'écriture est sa destruction. Pour écrire il faut ne pas croire.

Ma chanson préférée je la zappe, je ne suis jamais seul.

La vue engagée dans la lecture de la mémoire, un aveugle n'aurait pas de souvenirs, si tel était le cas, on ne se rendrait pas compte du rythme des souvenirs. Des points d'appui pour penser corporellement.

Ecriture sans personnages, et l'on vient d'en peindre.

Internet aux mendiants !

Ses doigts tapotant sur le front, il oublia de se lever pour danser pendant qu'il signait, le tyran accompli. Un autre tyran !

Les tyrans de la terre sont dans les bébés en plastique qui charment par milliers les petites filles. Ils sont voués au grenier.

Tout homme sans scrupules est au-dessous du clochard.

Il faut sauter du scrupule à l'innocence et revenir. On ne saura jamais.

Le repentir royal ne descend pas l'escalier.

Exergue pour un inconnu à remplir.

Par l'absence d'opinion, j'échappe à l'auto-citation. Savez-vous ce que je pense ?

J'ai découragé mon admiratrice parce qu'elle était mon piège. Comme une petite araignée qui viendrait loger dans les narines, piège intérieur qui nous empêche de respirer, qui nous habite comme les ténèbres qu'on porte en soi. Mais notre admiration pour nous-mêmes est la pire des toiles d'araignée et la plus voyante pour les mouches.

Ah, mouche, mouche, elle est pour toi, ma moustache, disait le catalan.

Sainte Madeleine nourrie des mouches ? Impatiente, elle fut ravie par les anges pour se rassasier.

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mercredi 2 septembre 2009

miettes à Eve

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Les feuilles sèches du corps, je les fais brûler au cerveau.

L'ambition est une forme bénigne de la peur. Elle serait de facile amputation, si l'angoisse n'était pas une jouissance dont on ne peut se passer.

Tu sais ? Par voie d'ascétisme, l'homme prend ses fautes sur soi et reçoit sa punition en douceur.

La punition rude est son injustice.

Quand tu ouvres la lettre, fais attention à l'encre sur ta chemise.

Laissez-moi dire des paroles idiotes, comme ça vous pourrez vous sentir intelligents.

Sur le pouce, le supplice du café sans cigarettes.

Mine de rien, internet est aussi un contexte sorti duquel je n'ai plus l'assurance d'avoir quelque chose à dire.

Mes chers francophones, je vous abandonne, dit le toréador. Et pour pouvoir revenir, il se métamorphosa en taureau.

Le diable est un végétal ? Lire tout de suite "Ontologie de l'accident", ne soit-il que pour sa beauté accidentelle.

Partir à la française ? C'est revenir en France.

Le plus décevant, c'est la mort. Mais les morts, malheureusement, ne meurent pas.

Rendu mélancolique par la musique, il lui faut encore quelque musique. S'il ne l'entend pas, il ne comprend rien.

Il ne faut pas parler du silence. Je danse en silence. Je fais de la peinture dans la nuit. Je remplis la moquette de miettes de silence. Si tu es triste, en revanche, tu peux me parler, je suis gai. Seul le moineau crie à la miette disparue.

Celui qui interprète la Bible, mal-interprète ses semblables. Les livres sont là pour être simplement compris.

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mardi 1 septembre 2009

samedi 1 août 2009

Expo "Le corps" à Rabat



Vous pouvez jusqu'au 16 août voir quelques-uns de mes tableaux exposés à la galerie, Fan-Dok 14, rue Djabal Moussa, Rabat Agdal.
Profitez-en !

Pueden ustedes ver antes del 16 de Agosto algunos de mis cuadros expuestos en Rabat en la galería Fan-Dok.

mardi 30 juin 2009

samedi 27 juin 2009

réfléchisons ensemble / reflexionemos juntos


Pour réfléchir écrasez un megot
sur ce cendrier.

Para reflexionar apague una colilla
en el cenicero

samedi 20 juin 2009

commentaire Adore de Dahlia

Marre de communiquer avec la planète à travers un clavier. Je ne suis pas au clavecin, je voudrais une flûte, quelque chose en contact avec ma bouche, une tasse de café. La planète n'est pas ma tasse de café.

Estoy harto de comunicar con el planeta a través de un teclado. No estoy al clavecin, querria una flauta, algo que esté en contacto con mi boca, una taza de café. El planeta no es mi taza de café.

J'aime la rue, bavarder avec des gens que je viens de connaître. Je suis allé au concert à la Cité internationale, ne me demandez pas le nom des musiciens, c'étaient deux duos, l'un marocain et l'autre indien (maqams d'un côté et ragas de l'autre, donc) qui n'avaient jamais joué ensemble, et réunis exceptionnellement 72 h avant le concert (Naghma). Concert tendu et réussi. Avec un public d'étudiants de partout dans le monde, et de gens plus âgés, j'avais la sensation que beaucoup d'entre nous avions à l'esprit les evénéments de l'Iran par momments, quand la disputatio des deux traditions sombrait dans la mélancolie.Si quelqu'un peut laisser en commentaire le nom des interprètes où son avis sur le concert, je lui serai reconnaissant.

N.B.: J'ai retrouvé leurs noms
Driss el Maloumi, Debashish Bhattacharya, Said el Maloumi, Prabhu Edouard

et avant un bout du concert de Sana Moulali (avec des interprétations d'Asmahan) dans un autre endroit.

Me gusta la calle, charlar con gente que acabo de conocer. He ido a un concierto en la Cité internationale, no me pregunten el nombre de los musicos, eran dos duos reunidos excepcionalmente, el uno de Marroquies y el otro de Indios (macamas de un lado y ragas del otro, pues). Concierto tenso y conseguido. Uno tenia la sensacion de que los acontecimientos de Iran estaban en el aire, siendo el publico en gran parte estudiantes extranjeros. Si alguien puede dejar en comentario el nombre de los intérpretes en el espacio comentarios, le estaré reconocido.

Vous ne voyez-pas que je n'ai rien à vous dire ? Je suis plus confiant dans l'intimité, mais comment puis-je parler ici du concert, du dîner minuit passé au restaurant Le Bienvenu, connu des taxi drivers et des journalistes, ou bien de l'objet initial de mon propos d'écrire qui est le livre Adore de Dahlia ?

No ven ustedes que no tengo nada que decirles ? Soy mas confiado en la intimidad, pero como puedo hablar aqui del concierto, de la cena a medianoche avanzada en Le Bienvenu, conocido por los taxistas y los periodistas, o bien del objeto inicial de mi proposito de escribir, que es el libro Adore de Dahlia ?

Vous ne voyez pas que je ne lis pas les livres ? Que je les transperce d'un coup d'oeil, parfois méfiant, parfois tendre. Cela dit, j'ai jeté plus d'un seul coup d'oeil sur le livre dont je vous parle, ce qui est exceptionnel et remarquable. Il y a peut-être une tendresse qui circule entre son monde et le mien.

No ven ustedes que no leo los libros ? Que los atravieso de un vistazo, a veces desconfiado, a veces tierno. Dicho esto, he echado mas de un solo vistazo al libro del que les hablo, lo cual es excepcional y notable. Hay quizas una ternura que circula entre su mundo y el mio.

Pourrai-je dire quelque chose ou serai-je tétanisé par l'insomnie avancée, par le besoin de dire les choses intimement, avec la bouche, avec le souffle, et non avec les doigts des deux mains ? Je peux simplifier ma tâche, déjà, en vous confiant ce que j'ai déjà répété sur Adore ailleurs. En vous confiant la tâche, aussi, à vous, de le lire.

Podré decir alguna cosa o me quedaré tetanizado por el insomnio avanzado, por la necesidad de decir las cosas intimamente, con la boca, con el aliento, y no con los dedos de las dos manos ? Puedo simplificar mi tarea, ya, confiandoles a ustedes lo que ya he repetido sobre Adore en otros sitios. Confiandoles la tarea, también, a ustedes, de leerla.

Ailleurs, j'ai dit qu'il me faisait penser à l'univers de Stanton. J'ai prononcé le mot fétichiste et je n'ai peut-être pas été bien compris. Je voulais juste signifier une certaine minutie et précision. Une unité dans l'image totale de l'oeuvre créée, parfaite comme une chaussure de haute couture. J'ai dit aussi qu'il avait une structure aussi solide qu'une tragédie. J'ai dit, cette fois-ci dans l'intimité, que le roman me faisait penser aux pièces de Tennessee Williams. Mais cette dernière idée est facilitée par la toute première critique qui avait présenté, à l'époque, le texte virtuel d'Adore, due à quelqu'un des éditions Léo Scheer, lesquelles avaient très vite réagi à sa proposition de mise en ligne, justement. Je ne fais que le confirmer et le constater à la lecture et dans l'intimité de mes réflexions. En fait, ce qui avait été dit c'était l'ascendance américaine de sa structure.

Por ahi he dicho que la novela me hacia pensar en el universo de Stanton. Pronuncié la palabra fetichista y no he sido quizas comprendido. Solo queria significar una cierta minucia y precision. Una unidad en la imagen total de la obra creada, perfecta como un zapato de alta costura. Dije también que la novela tenia una estructura tan solida como una tragedia. Dije, esta vez en la intimidad, que la novela me hacia pensar en las obras de Tennessee Williams. Pero esta ultima idea me es facilitada por la primera critica con que habia sido presentado en su época el texto virtual de Adore, debida alguien de las ediciones Léo Scheer, quienes habian reaccionado muy pronto a su propuesta de puesta en linea, justamente. No hago mas que confirmarlo y constatarlo en la lectura y en la intimidad de mis reflexiones. De hecho lo que habia sido dicho era la ascendencia americana de su estructura.

Aussi, ne puis-je m'empêcher de penser à Confession de ma vie, de Wanda Sacher-Masoch, que j'avais lu avec délice, encore plus que la propre Vénus à la fourrure. Solide mémoire féminine. L'écriture redevient la quête d'une reconstruction du masculin perdu, comme dans la quête du corps déchiqueté d'Osiris par sa femme Isis, la déesse.

Tampoco puedo impedirme pensar en Confesion de mi vida, de Wanda Sacher-Masoch, que yo habia leido con delicia, aun mas que la propia Venus de las pieles. Solida memoria femenina. La escritura se revuelve la busqueda de una reconstruccion de lo masculino perdido, como en la busqueda del cuerpo desmembrado de Osiris por su mujer Isis, la diosa.

Les merles chantent et l'aube point comme un cygne grisâtre ou bleu. Je ne sais plus quoi dire, puisque je me sens, en fumant à la fenêtre, vide comme une maison en ruine dont il ne reste que la façade, vampirisé par la pulsation du clavier et l'autre chant, pas celui des merles, mais celui des larves de la Toile, qui sonne telle une pluie d'or ou un paradis artificiel. Puissent les merles me réveiller de mon insomnie graphomane. Je compte relire tranquillement Adore de Dahlia.

Los mirlos cantan y el alba apunta como un cisne grisaceo o azul. No sé qué mas decir, ya que me siento, fumando en la ventana, vacio como una casa en ruina de la que solo queda la fachada, vampirizado por la pulsacion del teclado y el otro canto, no de mirlos, sino de las larvas de la Red, que suena como una lluvia de oro o un paraiso artificial. Puedan los mirlos despertarme de mi insomnio grafomaniaco. Cuento releer tranquilamente Adore de Dahlia.

mercredi 17 juin 2009

A la terrasse III


A la terrasse III
huile sur toile, 110 x 110 cm
photo Eve Livet

vendredi 12 juin 2009

Portrait double


Camille et Patience, juin 2009
huile sur toile, 110 x 110 cm

semée de miettes

...

Drogue est tout poison désiré.

Tout poison désiré, desservant le suicide, serait une arme, à cette différence près que là, l'on tue de plaisir.

Il y a pas de droit à l'excès, sauf dans les sociétés monarchiques. Le soldat monarchique se camoufle dans la foule.

Je veux bien faire pénitence de ma coquetterie. C'est le meilleur côté qu'elle a.

Les idées des romanciers sont beaucoup plus simples que celles de leurs traducteurs.

Le jaune est une couleur germanique. Elle est la couleur blonde. D'invraisemblable origine égyptienne.

L'espionnage artistique est le plus trépidant dans ma peinture.

Fumer Golden Virginia et ne pas savoir ce que cela signifie, voilà mon erreur. Je viens de l'apprendre.

Qu'est-ce qui est préférable, passer pour un buveur de bière ou pour un consommateur de Red-Bull ? En fait ce qui est préférable est de manger du fondant au chocolat chaud chez Monsieur Depardieu.

Je vais vous apprendre, soufflé de chocolat moussant à la liqueur du jour.

Toute ma bibliothèque s'était mise à discuter d'un livre avec l'autre plus loin des questions les plus disparates, je dus demander silence plusieurs fois et finalement j'ai du faire mon lit au milieu de leur foire.

La partie la plus dure du métier de peintre est de mesurer les conséquences de chaque coup de pinceau. C'est un duel avec le roi, l'on ne doit pas tuer le tableau.

Seul un régicide peut peindre comme Jacques Louis David. Il ne suffit pas d'envoyer le roi en exil.

Je vois sortir le pire de moi, pleuvoir tel un toxique sur la société, et telle est mon ivresse que je me mets à rire.

Voie royale, il m'est arrivé d'écrire des aphorismes comme on rêve.

Ne parlez pas du souffle au typographe.

Première : Girolles de Sologne, l'avant-saison, bien avant la dialectique.

Bonheur, malheur, vulgarité, le cycle de la littérature.

lundi 8 juin 2009

pantoum

primavera 2003 (4)

Como una imagen del fuego
La abierta flor del entendimiento
Entre los sexos y los rostros,
De pétalo de negro nácar, de oro
La corona, la margarita,
La abierta flor de este abrazo
Entre los sexos y los rostros,
La rosa luminosa y liviana,
Espuma y rizo marino en un ombligo
Es toda rosa luminosa y liviana,
Como una imagen del fuego.


Rosa blanca y pecosa
Deja que me consagre al perfume
Y al ritual de tu lágrima barrosa.

A la luz de las bujías
Los senos pintados
Son infracciones soñadas, son puro futuro.

Encima del piano los dos pechos desnudos
De la madre, no de otra, o de ninguna,
Son una quimera pintada con sangre.

En alguna parte del calor
La fuente grisácea y agusanada emite sus consonancias
De rosas grises, invisible color,
grosería imperdonada de los días.

Sin más sonido ni proximidad
Que el bombeo del café en lo irrisorio de la medianoche,
Una rosa delicada de hueso ha pensado ladridos.
Son sus hojas de lija y su fragancia es humo,
Es una muchacha feroz que no desea nada suave.

Hoy desconozco las flores de la púrpura diurna.
Los aparatos encendidos como muros
de zarza me separan de tu voz.

Eres el rostro que me dice “espera”,
Y mi mente no concuerda.

Eres una especie de rosa.

primavera 2003 (3)

Se puede comprar en grano.
Más barata que el fúnebre incienso.
La mirra se quema de día,
En verano

Klossowski decía que el fondo humano
No se comunica.
Klossowskiana la soltera
Y la casada.
Klossowskiano es todo
Divorcio o cuerpo,

Sin ser ruina.

¡Viva el texto idiota!
¡Aléjanos del tiempo,
cascada negra de la literatura!


Rosa extemporánea, rosa impronunciable
Y peligrosa,
Rosa klossowskiana sin ponerle
Música ni desnudarla del todo,
Así es la monomanía, la esquizofrenia
Escribiendo prólogos a Sade sobre Reich,
Kant, Lacan, Groddeck,
Simone de Beauvoir y Jung,
Monografías y postales,
El Klossowski leído en los ochenta
Es el Klossowski de los años cincuenta

Y allí se acaban
Las citas con libro
Y las mujeres. Derivo
En una huerta-jardín abandonada
Los perros de piedra son su entrada
Y en la pared de plantas el torso de Jesucristo
Es sin miembros un raro primate
De gastado metal y deleznable.

Raro placer en el calor y la ceniza,
El vuelo ínfimo de un pájaro doméstico
Que viene a picar miga y mira de reojo,
Son los primeros noventa, aislamiento
De la psicosis y errores incomprensibles:

Ni al árbol, que es tullido, ni a la fuente seca
Les puedo dedicar suspiro.

¡Aléjanos del tiempo!

Los humores se decantan en humores resecos
Del cuadro de figuras de mal gusto que tanto
Gusto da pintar fumando noche.
Empujo la puerta, y otra puerta, abro con llave.
El entendimiento secreto me ha provisto rutina,
Todo es cocina, todo es ella y su pintura. Sabe tú
Que después de tanto noventa
Las mujeres, múltiples y agónicas como la existencia,
Continuas,
Regresan montadas en cisnes de zinc y alpaca,
Montadas en toros de papel de estraza, montadas en violines,
En teclados de formica y marfil, en dioses indios
De bocas abiertas y locomoción tetrapodal.

¡Viva el texto idiota!
¡Aléjanos del tiempo!

Quemaré mirra en las canículas del nuevo siglo,
En sus escalones sombríos el pulso del cosmos,
El océano necesario para el lamento y suspensión de mi juicio,
La mirra por su olor sutil deshace lo incómodo del tiempo
Y como en un texto recuperaré tu retrato y tu cuerpo.
El loco y el escarabajo, el niño
Y la mujer ¿qué lugar ocupo
En la revolución?

La verde fotocopia
De la verde verdad
Salía en la pequeña pantalla de la pesadilla
Con mi cara prisionera, y amarilla,
Mis ojeras,
Y tenía
Bigotito, pero el pelo de dormir. Gritaba
¡Propaganda!

Todo contacto era ser reconocido.
Me dejaban salir
Y vagaba esperando otro escándalo.

Los anarquistas corrían en las grandes calles,
Combatían los furgones con cáscaras
De plátano, y pieles de tomate.
Eran ingleses, norteamericanos, bárbaros.
Para el pueblo la cocina colectiva
Había dejado en las fuentes públicas
Ensaladas de tomate y guacamole,
Yo inclinaba mi jeta
Pensando el calambur de comer ensalada
En la calle,
De la fuente.
Como una imagen del fuego
La abierta flor del entendimiento
Entre los sexos y los rostros,
De pétalo de negro nácar, de oro
La corona, la margarita,
La abierta flor de este abrazo
Entre los sexos y los rostros,
La rosa luminosa y liviana,
Espuma y rizo marino en un ombligo
Es toda rosa luminosa y liviana,
Como una imagen del fuego.

He quedado superrelajado.

Qué gratificantes son las nupcias
Con el cosmos entero en minutos arrebatados a la realidad.
A ti no te parece un trance místico,
Quizá porque
No sé decirte las palabras clave
Al oído sino luego
Con la coprolalia de todo poema, ya
Se me anticipa la luz de tu próximo orgasmo.

Será el momento de pensar la conciencia
Que no sabe de más automatismos
Que la destrucción del ser en el signo
Que es siempre un marchitarse
De despedida telefónica o de ola turbia gimiendo y viviendo,
O quizás el orgasmo será como un desayuno
En la plaza nueva del placer,
Como un sorbo de cielo negro y de nube dulce,
A la vista del artista que nos pinta mentalmente
Captando la mirada fóbica y fecunda,
Las poses del pensamiento,
Las letras de haberse perdido dejadas en tiquetes de metro,
Las salidas fáciles manando sangre de cervato, la ciudad
En el gesto y la pasión intelectual, pintará
Solamente la mesa de zinc con su memoria lamentable, sólo
Pintará la abstracción negra donde hubo luz
Y se quedó la cosa humana braceando con rabia de no
Entender
Nada, y seguir
...

primavera 2003 (2)

El amor domina el tiempo, suavemente
Traiciona sus toques de trompeta.
Nadie sospecha que las bobadas que hacemos
Para gustar no nos llevan sólo al lecho ajeno
Sino son nuestro sadismo, tan suave,
Para con el viejo padre,
Que, tacaño, no nos quiso,
O no tenemos entre nuestros recuerdos
Más que danzas envaradas.

De que la política y el sinvivir
Sean pensamiento en la pureza del silencio
Me haces pensar que el motivo, ahora, eres tú,
Que descuidada rosa humana y moderna
Sales de la soledad del jardín contra todo tiempo.

Nuestros hijos no serán una amenaza
En el imposible beso y todo lo que escrito
El rito inútil y turbador nos hizo suponer,
Leyendo dulcemente
Y sin saber nada que no fuese
O modernidad o belleza, como tu fuego.

Y por fidelidad al cielo ladro como un animal
Y vivo en espasmo y en espasmo miro esto.

Me preguntaba ¿los montones
De ojos maquillados y fascinantes
De la sábana de Juno serán
Mi mirada múltiple y desesperada
En el amor buscando pareja?
¿Tendrá que ser una lección
de morirse un poco en la disminución
de un planeta oscuro o de un poeta
sin cabeza que sigue palpitando?
¿Será una doma de palabras
y disciplina como enseña el dinero
y la ley de los cuerpos?

Que los planetas y los dioses me perdonen vivir
Drogado y confuso en un amor posmoderno.
Ella se me representa clara
Y eso me basta.

Los cantantes en la calle conocen la sensación
De haberse visto soñados después de la muerte cantando,
Sin duda la mía es una lección de despedazamiento,
Del deshojarse de narciso sobre el frío espejo,
Del oído de Dionisio vibrando de luz
Y oscuridad, de la muerte imposible
Del vampiro solitario que se esconde en la mente,
De los muchos colores del sueño y de la letra
De la rosa. Esa rosa de la verdad
Que sale al final de las noticias de la droga y los dioses,
Esa rosa que escucha mis dolores dementes
Y abre sus pétalos en una sonrisa y un cabeceo
Y es fresco su beso y tiene el tamaño y el porte
De una flor fetichista y urbana,
que aúlla irónica y desesperada
como la mañana.
Ella me ha pedido que sea
Agresivo con su parcela de histeria.
¿Por qué digo que soy incapaz?

F., ven aquí.
Vamos juntos al psicoanalista,
Espérame en el sofá del pasillo
A la luz del flexo nos partiremos de risa
Y seremos paciente macho
Y hembra impaciente o lo que usted,
Rosa F., a estas alturas de siglo
Haya ya leído y estudiado.

Es verdad que hace falta otra cama
Donde tener por fin el sexo.
Que el noviazgo no se prolongue
Como en los aburguesados a pesar de los inconvenientes
Y que no cabe más en el oscuro deseo,
Y que nos beberíamos la sangre del gigante antiguo y oscuro
Gimiendo como loba y lobo o como reyes oscuros,
Como oscuro es el psiquismo
Y sus leyes automáticas
Y crueles contigo y conmigo.
No quiero hablar más,
Quiero estar en la rosa.
No deseo la serenata
De palabras en la puerta de tu coche más.

Dentro de un hospital, o de una cárcel, o de un cuerpo...
Dentro de las preocupaciones de las maestras y los pastores alemanes...
Dentro de la cápsula del tiempo en los hostales...
Dentro de un árbol, tan compresivo...
Dentro de mi mano acostumbrada ya a buscarte...

En el interior de la rosa de todo instante a tu lado,
Sin el vértigo de tus piernas es imposible vivir.
Imposible
Vivir,
Las nalgas son esfinges,
Los labios son esfinges,
Los ojos son esfinges, el peinado,
Son esfinges los pies delicados,
Esfinges frágiles.

¿Qué queda después y cómo
existir sin molestia?
Podría decir como un varón
Prepotente y dulce “vas a ser el gran amor”,
Ahora que estoy solo y tengo una imagen
Infalible de nosotros a salvo del tiempo en un libro.
¡Qué prepotente y qué dulce sería!

Lo más abrupto, la desnudez
De las piedras que miran al sol,
Del jardín perdido en el tráfico y los muros.
Entre rosa y rosa me asalta la verde ciudad
Y me derrota sobre las mesas y en el vacío sucio
No tengo nada.

Me obsesiona el símbolo como a lacayo
Que aspira al emblema.
Usted dibuja encajes y flores en papeles sueltos
Y nadie conoce la hermosura de los instantes al teléfono.
El dios, niño fugaz, dice “espérame”
Y no me lo devuelven la noche y el sol.
Eres un espejo
Que lo contiene todo en armonía desde hace tanto,
¿Cuándo podré mirarte?

Se lo suplico a los pianos y a las repeticiones de alta noche
Con sonrisas lo suplico y con impertinencia lo presiento.
No es grave vivir solitario, sin peso la rosa pasa
Por momentos a vibrar en el seno del recuerdo.
Espero, lo veo llegar, se ha vuelto a ir.

¿Por qué has arruinado mi tumba?
Dice la momia de juguete y se desnuda
Dejando ver, verde, la verde carne del amante.
El futuro seguirá jugando y siseando
Con la ocurrencia y el juguete del ser humano,
Los corazones estarán siempre dispuestos.

El dios no se ha ido,
Está destruyendo un búnker y un manzano inadecuado,
Como tú destruiste el juicio de mi culpa y mi cárcel
Y me hiciste espejo
Que lo contiene todo desde ahora
Como en un esquema o un periódico, o una rosa,
El perfil creativo absolutamente sincero, la copa,
Las madreperlas de chaquetas multicolores y garbosas,
Las rosas con imaginación de araña,
La monja instintiva que sorprendemos sobre el cristal,
O todo lo moderno que hay flotando en el cielo.

La rosa quiere que la espere en este vaso
Y mudo es el reflejo de las horas
En la lágrima cuajada y en su impiedad cautiva.


44

Si la instancia leve de mi cuerpo templada fuese
La ausencia ofensiva no le cerraría el camino,
A pesar del retraso llevado me viese,
Remoto de límites, contigo de contino.

Igual si en calle distante mi pisada
De ti la casa más lejos distanciada,
El pensamiento templado saltaría
Tan pronto piense la ausencia si estaría.

Pero ya duro me mata no ser duro
Para romper el claustro en que te has forcluido.
Todo permanecer análogo al del muro

Se vuelve tiempo, y leve como mi gemido.
Templado no tengo sino el llanto puro,
Se me cierra sobre el rostro con tus votos de olvido.

44

If the dull substance of my flesh were tough,
Injurious distance should not stop my way;
For then despite of space I would be brought,
From limits far remote, were thou dost stay.

No matter then although my foot did stand
Upon the farthest earth removed from thee,
For nimble tough can jump both sea and land
As son as think the place were he would be.

But ah, tough kills me that I am not tough,
Etc.




Tu desayuno por toda sociedad, las actualidades
Sobre la mesa con ojos doloridos que me serenan sin saberlo.
El paisaje de guerra civil que es el pulsar de nuestro encuentro,
Con letras hebreas intuidas, caligrama persa en la tarea
De tu hija para el absurdo, yo lo siento
Todo nuevo.

Organizar los años con sus pesados
Metales que hay que escuchar cantar:
El plomo, Saturno, la melancolía;
El hierro, Marte, la violencia;
El mercurio que es un dios que fluye y pesa,
Y preside la palabra, el espejo, una cierta fuerza
Que está en el negocio (pasarán los años
Sin pausa con un ritmo extraño);
El bronce de toda estatua, Júpiter, inconsecuente;
El cobre, Venus, el deseo que sostiene
En su caída la belleza del cosmos;
La plata, la Luna, también es espejo,
Las cosas inquietantes de las madres, el arte
Que nos hace femeninos y dudosos;
Pensaremos en el oro, el Sol, que es el amor
Difícil de encontrar, adicto a los ocasos.

Todo será dicho para tu oído sensible
Con palabra redonda que no toque la desdicha,
Después del desayuno vendrá el amor,
De una forma que sea humana te juro mi grito.

Mi grito siglo veinte, años surreales,
Gritaré para que vuelvas
Cada vez.
INTERMEDIO
La señora que me ve no remedia lo que pasa,
El radio de acción de su intelecto
No me alcanza en las correrías del diván,
Y poseído por tu suerte murmuro una pared de palabras.
Ser profundamente desgraciado, no poder
Llorar.

Yo creía en el freudismo como una liturgia
Moderna y con esa solera del libro universal,
Del mordiente de los judíos,
De las ciudades y los trasatlánticos, de las pizarras
De los padres infalibles y cultos, la ropa
Chic y más discreta.

La palabra secreta no me interesaba
Sino el jadeo
De mis antepasados,
Descubrir el mundo como era realmente.

La doctrina ya no me ilumina,
Sólo espero que un orgasmo o la muerte
Apaguen el pulso incómodo, insípido, de mi mente.

vendredi 5 juin 2009

mercredi 3 juin 2009

primavera 2003 (1)

Esta rosa que se abre
Comme une kamikaze
Palestinienne
Prise au ralenti
Como un cigarro que
Lentamente
No puede más y explota.
Primer augurio del
Día,
La rosa.





Las cosas oídas que guardas en tu cabeza
Son de una innegable belleza


Quise hacerme café, he estropeado la cafetera y no salía café. Temiendo una explosión, renuncié. De todos modos va a amanecer y no hizo falta tomarlo. Incorporé frases al portátil, hablé con mi hermano que vino en mitad de la noche, de un concierto de rock. Me hizo escuchar jazz de los años cincuenta, hecho con sutileza. Había fingido un sueño para contarte, lo escribí y luego el horror de mentir, siquiera sea para seducir, me hizo borrarlo. Se me ocurría que ibas a ir más lejos que yo en la interpretación. Lo bueno es que puede convertirse en un proyecto de “instalación”. Insisto, no era un sueño stricto sensu. No hubo fase rem, como dicen los insoportables, compuse una ficción un tanto cursi, en realidad, como toda ficción, un constructo defensivo. Así que me gustaría entregarme a ti sin más miedo. Porque soy más pintor que literato. No tener nada preparado, y perdona que piense en voz alta. O no me perdones, pero entonces castígame de una forma humana.


La señorita Rosa F. lleva ropa que se nota
Que luce al bailar como sobre una estatua mojada
Que sugiere el movimiento
Como lo sugiere todo en el romanticismo de los locos.

Ha pasado una noche en mi mente
Y la noche notaba que mis ideas se parecían todas,
Que dormido yo era el perro de la señorita
Mediano
Con sueños que sofoca el fuego de sus ojos,
Su incapacidaz para decir un piropo o un aullido.

Ha pasado el día solitario de la calle y la casa,
Y las llamadas telefónicas,
Y Rosa F. me inspira como se dice de la musa
Pero no sé poner en práctica
Sus versos increíbles y eruditos, emborrachados
De belleza y modernidad.

El final de la tarde ocurrió con urgencia
En mi pecho confuso de grandes premoniciones.
Y mi imagen vestida de profesor elegante y neutro
Se dibujaba sin cabeza
Encima del cuerpo sino bajo el zapato con cara de pensar.
Y mi imagen bien vestida le decía
“Cabecita mía, siempre perderás”.

Ha pasado el tiempo solitario.
Rosa F. es lo contrario.

Ella permite que pase lo prohibido
Con su risa discreta.
El sonido de sus ojos, la dificultad
De encontrar en otra tanta mercancía mental,
Tanta fiesta seria y deliciosa como curarse de pronto.

lettre à Berthe

Chère Berthe,

le démon qui préside mes jours, et qui parfois me jette dans des plaisirs impurs et miroitants, a voulu dresser une scène où tu es soustraite à mon esprit. J'ai tellement de fois pactisé toujours un peu plus avec ce démon... et tes moments d'absence, oeuvre de son illusion, me font à eux seuls liquider toutes mes dettes, englouti par la sirène de mes douches, coulé dans l'eau pour toujours, dans cette roche d'obscurité qui est l'enfer.

Seul le pape peut sortir, et sans que cela fasse précédent pour ses successeurs, un homme de l'enfer. Tellement le fit Grégoire le Grand à son époque. Je suis tordu de plaisir et je sors de la roche obscure les instants où tu me saisis et me tires vers la verdure et la lumière de la vie. Je t'ai peinte en papesse, et le contrat du coeur ne peut être que selon la loi d'amour. Dans la torpeur de ma damnation, de la prononciation parisienne la seule grâce de ta voix d'ange a pu m'apprendre le mot coeur, dans sa prononciation intérieure. Un égard du dieu pour l'étranger, un rêve dans la mort. Depuis ton trône tu es capable de sauver l'âme du même Lucifer, et tu le fais avec mon démon et moi tel une déesse tellement douce que je veux pour toujours te remercier.

Tu viens chaque matin rallumer une étoile morte et changer la nuit en jour, avec ton bruit léger d'abeille, d'antilope parmi les lys de la réalité. Je suis baroque, je m'abandonne à toi et le ciel déborde son pétrole et voici la mélancolie de l'ange. Des longues explications de sa longue douleur enfin abolie, merci toujours.

Manuel